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Los tormentos del ser sin conciencia del yo....

Fuisteis creados para la eternidad.... Por lo tanto, nunca podéis perecer del todo, aunque tuvisteis un principio. Pero vosotros podíais cambiaros en vuestro ser y también lo hicisteis, privándoos temporalmente de vuestra conciencia del yo. Seguisteis existiendo, pero ya no erais conscientes de vuestro ser. Sin embargo, este estado era dichoso, no era un vendido paso a la nada, sino más bien un estado de tormento, porque significaba una atadura para el ser espiritual, una vez creado libremente, que también experimentaba esta atadura como tormento.

Pero como vosotros ahora seguiréis existiendo eternamente, también debéis poder alegraros de vuestro ser; debéis vivir en un estado de dicha, es decir, poder obrar en fuerza y luz para vuestra propia alegría. Esto es vuestro objetivo, el objetivo de todo lo creado una vez de Mí; que viva y esté activo según Mi voluntad, que esté lleno de luz y fuerza dichoso como Yo, y poder participar en actividades creativas y de diseño para su propia felicidad. Sin embargo, innumerables seres, irradiados por Mí en luz y libertad han perdido la conciencia del yo por su propia culpa. Renunciaron a su libertad, su luz y su fuerza, y eligieron un destino terrible para sí mismos.... Pero no pudieron destruirse a sí mismos, y nunca podrán hacerlo.

Si este estado voluntariamente elegido sin conciencia del yo estuviera libre de todo sufrimiento, entonces ningún ser jamás lucharía por una vida de felicidad, porque entonces también sería, por así decirlo, pasado, reconocido como un ser solo por Mí Mismo.... Pero el sufrimiento de un ser desterrado es inimaginable, y la amenaza de un nuevo destierro no debe dejaros a vosotros, los humanos, impasibles, porque si incluso carecéis de la conciencia del yo, aún estaréis sujetos a un sufrimiento que un día podréis comprender en retrospectiva, una vez que hayáis entrado en la vida.

Porque es lo espiritual lo que sufre, no el ser humano que creéis perdido. Y lo espiritual probablemente puede estar endurecido en sí mismo, pero lo espiritual no se extingue, no es insensible, y sufre los mayores tormentos, incluso en su sustancia más diminuta. Por lo que toda la creación – lo espiritual atado en la materia -, en contraste con el reino de la luz y sus habitantes, también está “no redimido” y también “desafortunado”, es decir, está atado por el dolor y en su tormento anhela la redención.

El tormento que siente lo espiritual es incomprensible para vosotros, los humanos, porque lo que se os ha dado como caparazón.... vuestro cuerpo terrenal.... solo puede sentir y soportar el dolor hasta un cierto grado, lo cual no se compara con los tormentos que el alma tiene que soportar el estado no redimido, y lo cuales también siente lo espiritual atado todavía en su forma externa. Sin embargo, dado que sólo el alma es un ser consiente del yo, solo puede esforzarse conscientemente por un cambio en su ser, en el estado de ser humano, una transformación hacia su ser primordial.

La cognición, de que ella nunca puede perecer, de que perdura eternamente, la impulsará también a esforzarse seriamente para hacer que la eternidad sea feliz para ella misma, para luchar por una “vida en felicidad” y a recuperar la fuerza y luz para poder obrar conforme a la ley del orden divino. Pero mientras falte esta cognición, el ser humano vive inútilmente en la Tierra, y el alma permanece atada e incluso abandona su cuerpo aún atado.... Y resurge el estado de tormento, que no experimentó con la misma intensidad en la Tierra.

Ella está muerta, aunque existe.... No alcanzó la vida dichosa en la Tierra, y el estado de destierro la amenaza una vez más, si no logra llegar a la cognición de que no ha pasado y de que no puede perecer, aunque ya no viva en la Tierra.... Solo esta cognición puede impulsarla en la otra vida a esforzarse por la “vida” después de todo, y también se le ayudará al respecto.

Pero es horroroso para una alma que ya es consciente del yo cuando experimenta el destino de ser desterrada de nuevo.... cuando se le quitará la conciencia del yo y tiene que, en incontables partículas, recorrer el camino de la creación y tendrá que soportar una vez más los tormentos interminables que cualquier forma externa implica para lo espiritual. Porque solo mediante el tormento lo espiritual puede purificarse hasta tal punto que madure de nuevo en un ser consciente del yo, uno que está destinado a vivir y que ahora, ya no perderá su vida eternamente....

amén

Traductor
Traducido por: Hans-Dieter Heise

Qualen des Wesens ohne Ichbewußtsein.... Römer 8, 19-22....

Für die Ewigkeit seid ihr erschaffen worden.... Ihr könnt also ewiglich nicht mehr vergehen, wenngleich ihr einen Anfang hattet. Aber ihr konntet euch verändern in eurem Wesen, und ihr hattet dies auch getan und euch dadurch zeitweilig des Ichbewußtseins beraubt. Ihr bestandet wohl weiter, es war euch aber euer Sein nicht mehr bewußt. Dennoch war dieser Zustand keine Seligkeit, es war kein seliges Vergehen in ein Nichts, sondern es war ein Qualzustand, weil es Gebundenheit bedeutete für das einst frei geschaffene Geistige, das diese Gebundenheit auch als Qual empfand. Da ihr nun aber ewiglich bestehenbleibt, sollt ihr euch auch eures Seins erfreuen können, ihr sollt in einem seligen Zustand leben, d.h. wirken können euch zur Freude in Kraft und Licht. Das ist euer Ziel, das Ziel alles von Mir einst Geschaffenen, daß es lebet und tätig ist in Meinem Willen, daß es voller Licht und Kraft selig ist gleich Mir und sich schaffend und gestaltend betätigen kann zur eigenen Beglückung. Doch unzählige von Mir in Licht und Freiheit ausgestrahlte Wesen haben das Ichbewußtsein verloren aus eigener Schuld. Sie gaben die Freiheit, das Licht und die Kraft hin und wählten sich selbst ein entsetzliches Los.... Aber sie konnten sich nicht selbst vernichten und werden es auch ewig nicht können. Wäre nun dieser freiwillig gewählte Zustand ohne Ichbewußtsein frei von aller Qual, dann würde kein Wesen jemals ein Leben in Seligkeit anstreben, denn es würde dann auch gleichsam vergangen sein, nur von Mir Selbst noch als Wesen erkannt.... Die Qualen eines gebannten Wesens aber sind unvorstellbar, und es soll euch Menschen die Androhung einer Neubannung nicht unberührt lassen, denn ob euch auch das Ichbewußtsein fehlt, so werdet ihr doch Qualen ausgesetzt sein, die ihr einmal rückschauend werdet erfassen können, wenn ihr zum Leben werdet eingegangen sein. Denn es leidet das Geistige, nicht der Mensch, den ihr vergangen wähnet. Und das Geistige kann wohl in sich erstarrt sein, aber es ist nicht ausgelöscht, es ist nicht empfindungslos, und es leidet die größten Qualen, auch in seiner winzigsten Substanz, weshalb auch die gesamte Schöpfung.... das in der Materie gebundene Geistige.... gegensätzlich zum Lichtreich und dessen Bewohnern.... als "unerlöst" auch "unselig", d.h. schmerz- gebunden, ist und in seiner Pein nach Erlösung schmachtet. Die Pein, die das Geistige empfindet, ist für euch Menschen unverständlich, weil das, was eurer Seele als Hülle gegeben wurde.... euer irdischer Leib.... nur Schmerzen bis zu einem gewissen Grade empfinden und aushalten kann, die aber kein Vergleich sind zu den Qualen, welche die Seele erdulden muß in unerlöstem Zustand und welche auch das noch gebundene Geistige empfindet in seiner Außenform. Doch weil erst die Seele ein ichbewußtes Wesen ist, kann sie auch erst in dem Stadium als Mensch eine Änderung ihres Wesens, eine Umwandlung zu ihrem Urwesen, bewußt anstreben. Die Erkenntnis, daß sie niemals vergehen kann, daß sie ewiglich bestehenbleibt, wird sie dann auch zu ernstem Streben veranlassen, sich die Ewigkeit glücklich zu gestalten, ein "Leben in Seligkeit" anzustreben und Kraft und Licht sich wieder zu erwerben, um tätig sein zu können nach dem Gesetz göttlicher Ordnung. Aber solange ihr diese Erkenntnis fehlt, lebt der Mensch nutzlos auf Erden, und die Seele bleibt gebunden und verläßt auch ihren Körper noch gebunden.... Und es tritt nun wieder der qualvolle Zustand hervor, den sie auf Erden nicht so empfunden hat. Sie ist tot, wenngleich sie besteht.... Das beglückende Leben hat sie sich nicht erworben auf Erden, der Zustand der Bannung droht ihr auch nun wieder, wenn es ihr nicht gelingt, im jenseitigen Reich zu der Erkenntnis zu gelangen, daß sie nicht vergangen ist und nicht vergehen kann, wenngleich sie nicht mehr auf Erden lebt.... Nur diese Erkenntnis kann sie im jenseitigen Reich dazu veranlassen, nun doch noch das "Leben" anzustreben, und es wird ihr auch dabei geholfen werden. Aber entsetzlich ist es für eine schon ichbewußte Seele, wenn sie wieder das Schicksal der Neubannung erfährt.... wenn ihr das Ichbewußtsein genommen wird und sie in unzähligen Partikelchen den Gang durch die Schöpfung gehen muß und die endlosen Qualen wieder erdulden muß, die eine jegliche Außenform für das Geistige bedeutet. Denn nur durch Qualen kann das Geistige so weit geläutert werden, daß es wieder zu einem ichbewußten Wesen heranreift, das einmal leben soll und sein Leben nun ewiglich nicht mehr verlieren wird....

Amen

Traductor
This is an original publication by Bertha Dudde