B.D.-Nr. 7079
Mucho ya se os ha explicado, muchas enseñanzas habéis recibidos y muchas bendiciones espirituales habéis obtenido a través de Mi Palabra que os sonó desde arriba, que fuisteis constantemente iluminados por Mi Espíritu y, por consiguiente, recibir el Pan del Cielo. Y una y otra vez derramo Mis dones de gracia sobre vosotros, para que no andéis por caminos falsos en la oscuridad que se extiende sobre la Tierra, para que la luz llegue a quienes la desean.
Por lo tanto, los seres humanos no pueden decir que no encuentran su camino en la oscuridad, porque de repente una luz brilla para todos los que quieren escapar de la oscuridad. Pero si esta voluntad surge en ellos, eso solo determina su estado mental, pues Yo no fuerzo la voluntad. Y la voluntad puede despertar en cada ser humano a quien se le entrega Mi Palabra pura.... viniendo desde arriba.... Porque Mi Palabra tiene este efecto de fuerza cuando un ser humano la escucha o la lee con total imparcialidad y comienza a reflexionar al respecto.
Y ahí radica la razón por la que insto a todos Mis obreros de Mi viña a una actividad diligente, por lo que repetidamente os insto a difundir Mi Palabra. Es necesario dar a los humanos la oportunidad de responder a Mi Palabra pura; solo entonces se les revelará la fuerza de Mi Palabra, mientras que permanece completamente ineficaz para quienes la escuchan con resistencia interior o absoluta indiferencia. Éstos se alejarán y continuarán su camino en la oscuridad de la mente.
Pero una y otra vez hay un ser humano que, en su hambre, recibe el pan del cielo, y para éste será verdaderamente una comida apropiada, y su alma podrá regocijarse en ella. Yo os ayudo, Mis colaboradores en la Tierra, a tocar las puertas donde hay necesidad de alimento espiritual apropiada.... Pero también os necesito para guiar allí Mi Palabra, porque todo tiene que desarrollarse dentro del orden natural para no poner en peligro la libertad de la voluntad.
Y allí donde se Me extienden manos serviciales que transmiten en Mi nombre lo que reciben de Mí, allí también Mi bendición acompañará su trabajo.... Guiaré correctamente sus pensamientos y les mostraré las puertas donde deben llamar para distribuir los dones del Señor.
Sin embargo, depende de cada destinario de Mis dones de gracia decidir si los usa y cómo.... porque las letras por sí solas no pueden satisfacer el hambre o la sed de un alma, pero si el espíritu dentro del ser humano está activo, impulsado por la buena voluntad a expresarse, entonces la letra también cobrará vida, y entonces el corazón del ser humano Me percibirá a Mí Mismo y ya no se oponga a Mi dirección.
Así que vosotros, Mis siervos en la Tierra debéis hacer el trabajo preliminar para que Yo encuentre puertas abiertas que ahora Me permitan entrar, porque ahora anhelan el alimento perpetuo de Mí. Simplemente quiero poder dirigirme a los seres humanos.... Y para esto os necesito como mediadores, porque un discurso directo equivale a la coerción de voluntad, que , sin embargo, no se permite. Porque Mis dones de gracia fluirán constantemente hacia vosotros y, por lo tanto, nunca os faltará un bien espiritual que debéis distribuir....
Y sabéis que estáis recibiendo algo que podéis evaluar como el bien más supremo en la Tierra.... un don de Mi eterno amor por vosotros.... Sabéis que estáis recibiendo la verdad cuando Me dirijo a vosotros.... y así solo difundís la verdad pura, y así también lleváis luz a la oscuridad. Pero sin luz, nadie puede encontrar el camino hacia Mí, porque la oscuridad es el reino de Mi adversario que el ser humano debe abandonar si quiere llegar a Mí.
Y debéis ayudar a vuestros semejantes a salir de la oscuridad de la noche hacia la luz del día, y podéis hacerlo porque Yo Mismo os proporciono la luz adecuada, porque Yo Mismo vendré en la Palabra a aquellos que no se oponen a Mí.... Y cada uno a quien Me puedo dirigir también será alcanzado por un rayo de luz amorosa de Mí, y ahora él también se abrirá y dejará que la luz brillante fluya dentro de él sin resistencia, y será salvado por toda la eternidad....
amén