B.D.-Nr. 6977

Mundos separados.... Diferentes cuerpos celestes....

Innumerables cuerpos celestes giran en el universo, invisibles a los ojos humanos, todos surgieron del poder amoroso de Dios, es decir, que en su sustancia eran una vez fuerza irradiada del amor divino, pero que originalmente poseían un propósito diferente. Puesta esta fuerza de amor irradiada eran seres que deberían estar activos según la voluntad de Dios, pero que no cumplieron su verdadero propósito y usaron su fuerza inherente de forma contraria a la voluntad divina. Estos seres se transformaron así en criaturas totalmente contrarias a la voluntad de Dios, y no podían permanecer en su estado deformado porque esto contradecía al orden divino. Por lo tanto, Dios transformó a estas criaturas. Las disolvió en innumerables y diminutas chispas de fuerza, y de estas dejó surgir nuevas creaciones de lo más diversos tipos.

Lo que una vez fue creado como seres conscientes de sí mismos, ahora inicialmente eran estructuras rígidas a las que Dios dio las más diversas formas y propósitos. Él reunió, por así decirlo, la fuerza que una vez irradió de Él en formas creadas especialmente para este propósito.... En virtud de Su voluntad creó incontables mundos, que son esencialmente todos iguales; esencias espirituales transformadas que están destinadas a recuperar su forma original, pero que deben recuperar su antigua forma y, por lo tanto, primero deben servirse mutuamente según la voluntad divina.

Todos estos mundos están en una correlación entre sí, en la medida en que comparten el mismo espíritu creador que Su Padre, que todos surgieron del mismo Poder y que todos tienen el mismo objetivo final que consiste en la reunificación este Espíritu Creador. Una sola voluntad gobierna todos estos mundos y una fuerza los mantiene. Pero, sin embargo, todos estos mundos diferentes están separados unos de otros, y ninguno puede entrar en estrecho contacto con otro, pues las sustancias fundamentales de cada mundo individual se concentran en ello, y estas sustancias fundamentales son, en mayor o menor medida, lo que se ha vuelto contrario a Dios y, por lo tanto, también requieren las más diversas creaciones individuales para volver a organizarse y regresar a su estado original.

Cada cuerpo celeste es, por lo tanto, una obra única de creación; todos los cuerpos celestes son diferentes entre sí en su esencia fundamental, creación y destino. Pues la voluntad creativa del Espíritu Creativo Eterno es ilimitada, porque Su mor y Su sabiduría también lo son. Y Su objetivo final consiste en recuperar toda la fuerza irradiada por Él como hijos perfeccionados, quienes, con la misma voluntad que Él, puedan crear y obrar para su propia alegría y dicha.

La Tierra es tal obra de creación, que Dios trajo a la existencia con el propósito de que los seres corrompidos por su propia voluntad pudieran, después de un tiempo infinitamente largo, volver a transformarse a su ser primordial. Pero solo la Tierra ofrece la posibilidad de alcanzar la máxima perfección, mientras que los demás mundos ya albergan en parte seres altamente desarrollados, que en parte son centros de enseñanza para aquellos seres consciente del “yo” que no alcanzaron el objetivo en la vida terrenal, pero que, sin embargo, deben y pueden lograr cierto grado de madurez para algún día poder cumplir su verdadero destino.

Pero para alcanzar el objetivo más alto, solo la Tierra es la obra responsable de la creación, por lo tanto, un paseo por esta Tierra es mucho más difícil que un viaje a través de otros mundos. En última instancia, sin embargo, todas las creaciones del universo tienen un solo propósito: el regreso de lo espiritual que una vez se apartó de Dios. Y cada creación, por lo tanto, permanecerá estrictamente separada de las demás, porque lo espiritual consciente del “Yo” en cada mundo debe seguir su camino de desarrollo con total libertad de voluntad. Esta libertad de voluntad se vería inmediatamente en peligro si, a través de las conexiones entre seres conscientes del “yo”, surgieran evidencias contundentes del plan de Salvación de Dios, impidiendo así el libre esfuerzo por la perfección desde dentro de uno mismo.

Las conexiones espirituales existen y pueden establecerse, pero estas no ejercen ninguna creencia coercitiva sobre los seres conscientes del “yo” de esta Tierra; se puede creer o no en ellas, y solo ejercerán una influencia beneficiosa cuando dichos seres ya han alcanzado un cierto grado de madurez.... cuando los seres humanos en la Tierra ya hayan reconocido su propósito de su existencia en la Tierra y quieren lograr su objetivo final. Entonces ya están cerca de su perfección, y ya no necesitan pruebas; creen incluso sin ellas y se esfuerzan por reunificarse con Dios por voluntad propia....

amén

Traducido por: Hans-Dieter Heise

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.