5610 La naturaleza de Satanás. Caída y redención

26 de febrero de 1953: Libro 62

La enorme distancia de aquel que cierta vez se sublevó contra Mí –contra la Fuerza que vivifica todo– también ha reducido enormemente el efecto de la Fuerza. De modo que lo espiritual, antes lleno de Vida y de Fuerza, se privó a sí mismo de la Fuerza y, finalmente, se ha convertido en sustancia más dura; porque incluso la sustancia espiritual se endurece si en esta enorme distancia ya no la toca la Fuerza de mi Amor.

El proceso del endurecimiento de sustancia espiritual corresponde a la formación de materia terrenal que, por mi Voluntad, tomó forma. De modo que ahora, en el fondo, toda la Creación es tal sustancia endurecida - originalmente Fuerza espiritual surgida de Mí como algo sustancial sumamente perfecto... En su perfección esto, lo sustancial, fue constantemente penetrado por la Fuerza de mi Amor, por lo que estaba capaz de actuar y de hacer efecto ilimitado, igual que Yo.

26 de Febrero de 1953

Yo soy la Fuente primaria de toda Fuerza, y todo lo que existe depende de esta Fuente de Fuerza. No existe nada fuera de Mí que de manera autónoma dispusiera de fuerza, con lo que una separación de Mí y de mi Fuerza significaría un acabarse total, porque por ninguna otra parte sería posible un suministro de fuerza. Pero tampoco es posible una separación de Mí, porque eternamente nunca mi Fuerza puede perecer ni ser partida. Aun así, algo que ha surgido de mi Fuerza puede alejarse de Mí infinitamente, donde alejamiento significa que la Fuerza pierde de eficacia, de modo que aquello que se ha alejado queda inmóvil y se condensa a sustancia, a materia, la que por lo tanto es sustancia endurecida que no tiene facultad para la actividad porque ha salido de la esfera de radiación de la Fuerza de mi Amor.

De modo que esta es la suerte de lo espiritual que ha apostatado de Mí - lo que se encuentra en extrema distancia de Mí y que aun así es eternamente imperecedero... Sin embargo, en el fondo, todo esto sigue siendo sustancial... algo que al principio tenía una suma facultad de pensar... que tenía el conocimiento y la libre voluntad... pero que por su caída perdió todas sus características divinas. Por mi Voluntad estas entidades espirituales se disolvieron en incontables elementos minúsculos, para que –una vez que haya sido logrado cierto grado de maduración y de purificación– vuelvan a reencontrarse en un proceso de regeneración muy lento, reconocido por Mí. De modo que sirviéndome de mi Fuerza, a causa de la voluntad del primer ser creado por Mí, Yo cautivé lo sustancial, originalmente creado con una voluntad totalmente libre.

¿Pero qué ha sido de este primer ser creado? Desde su caída va errando como chispa de fuerza y, con la fuerza que le ha quedado, procura enfocar todo aquello que mi Voluntad le ha sustraído. Pero eso no para vivificarlo sino para aumentar su propia fuerza... para que esta llegue a superar a Mí mismo - a mi propia Fuerza. Pero aquello que por mi Voluntad está cautivado no reacciona ante esta radiación enfocada, precisamente porque esta no le proporciona vida...

Pero una vez que tras una migración casi infinita por la Creación19 lo cautivado haya vuelto a ser el ser... una vez que todas las minúsculas partículas sueltas hayan vuelto a encontrarse y ahora, con integridad, se hayan encarnado en forma humana, y como tal el ser haya recuperado la consciencia de sí mismo, también vuelve a ser sensible a los esfuerzos de aquel ser que fue el primero creado - el espíritu opositor de Mí... El ser rehecho se deja deslumbrar de aquella chispa que no es sino un reflejo ficticio que deslumbra el ojo para cegarlo del todo - chispa que a causa de la caída tampoco ya tiene fuerza por la distancia casi infinita de Mí...

Pero al espíritu opositor lo sustancial le ha quedado, y tampoco ha perdido la consciencia de sí mismo, por lo que todavía puede ejercer influencia en otros portadores de consciencia de sí mismo; de modo que puede ocupar al hombre del todo con su índole, y eso sin estar limitado a un solo hombre en particular. De modo que puede ejercer su influencia por todas partes donde haya seres humanos que, por su ánimo, inclinan su voluntad a él y estos, por su unión con él, le aumentan su fuerza... Y la fuerza que le ha quedado la aprovecha únicamente para surtir efecto contra Mí, procurando continuamente a aumentarla mediante la ayuda de los hombres que se entregan a él. Así este espíritu opositor actúa visiblemente. Pero también puede dominar a un hombre completamente –también visiblemente– pero eso sólo mientras este se encuentre en la Tierra donde tiene que poner a prueba su voluntad.

Una vez que el adversario haya logrado su propósito –el ganar a los hombres para sí–, lo que en realidad ha conseguido es el endurecimiento de sustancia espiritual... con lo que ha echado a perder su propia fuerza. De modo que él mismo se ha quedado como totalmente inanimado porque ya no puede agarrarse a hombres que le regalan su fuerza vital...

Entonces es cuando termina un período de Redención... cuando el adversario ha arrastrado a la mayor parte de los seres humanos a las profundidades, y los demás son plenamente devotos a Mí... Entonces él mismo se encuentra privado de su fuerza, con lo que también él se encuentra como detenido, como encadenado... y eso hasta que de nuevo pueda hacer los mismos intentos con los hombres... cuando estos de nuevo están en el estado en que le fomentan su fuerza - hasta que ellos mismos, por decirlo así, a causa de su voluntad errónea le sueltan las cadenas. Pues esta voluntad errónea está de nuevo orientada hacia la materia, de modo que está doblegada a la voluntad de mi adversario, con lo que también vuelve a fomentar su posición de fuerza - lo que en cada período de Redención resulta tanto más evidente cuanto más cerca esté su final.

Por eso cada período de Redención empezará con armonía llena de Paz, con un verdadero paraíso en la Tierra, y terminará con actividad satánica hasta que a mi adversario esté sustraído el último rastro de lo sustancial... hasta que él mismo se haya quedado tan débil que solicita Fuerza de Mí... hasta que regrese a Mí, a su Casa Paternal, la que hace tiempos había abandonado voluntariamente.

Amén.

Traducido por: Meinhard Füssel

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