4104 La Voluntad de Dios - La voz del corazón - Estímulo interior

13 de agosto de 1947: Libro 50

A vosotros, los que Yo amo, porque os dirigís y aspiráis a Mí, a vosotros os pondré Yo en vuestro corazón en forma de sensación, lo que debéis hacer o dejar. Y en cuanto me confiéis en la oración y me expongáis lo que os oprime, o inquietan vuestros pensamientos, lo notaréis en el corazón y haced según lo deseéis, y será justo ante Mis ojos. Si en la oración os encomendáis a Mí, así ya no podéis más pecar, pues entonces ya no permito un pecado. Si me pedís por Mi protección, os la concedo de ese modo, y podéis entonces confiaros del todo a la voz del corazón, es decir, haciendo según el deseo que llevéis en el corazón. Yo soy vuestro Padre, Yo quiero que vengáis a Mí llenos de confianza, y Yo quiero, en verdad, teneros en cuenta, como lo hace un padre amante, Yo quiero daros lo que os hace felices, a no ser que os sirva de daño. Y puesto que vosotros mismos no podéis juzgarlo lo que es bueno para vosotros o perjudicial al alma, por eso venid a Mí, entregaos a Mí totalmente, exponédme vuestras penas, ya sean espirituales o terrenales, y Yo quiero responderos, es decir: poniendo en vuestro corazón Mi Voluntad, de tal modo que así váis a querer lo justo, que luego podéis ejecutar también. Y así podéis venir a Mí con todas las peticiones, y jamás os quedaréis sin respuesta, pues Yo las pongo antes en vuestro corazón. Sólo tenéis que poner atención a la voz del corazón, tenéis que saber que todo estímulo interior es siempre la influencia de fuerzas que quieren determinaros a que realicéis o no realicéis algo. Las fuerzas de la tiniebla os inducirán al pecado, las fuerzas de la luz a un obrar grato a Mí.

Dejad que os influencien las fuerzas de la luz y jamás podéis pecar así. Y a estas fuerzas os abandonáis, tan pronto como busquéis siempre el contacto Conmigo en la oración, manteniendo un diálogo Conmigo y pidiéndome consejo en todos vuestros apuros. Yo amo a Mis hijos y sólo tengo por meta su salvación del alma. Y donde ésta no está en peligro, le concedo Yo todo, también alegrías terrenales, si no perjudican la aspiración espiritual. Yo quiero, sin embargo, ser siempre vuestro Mentor, cedédme a Mí siempre vuestra decisión y preguntad a vuestro corazón, depués de una fervorosa oración, y él os dirigirá bien.

Amén

Traducido por: Pilar Coors

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.

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