B.D.-Nr. 7663

Transmitir la verdad es un deber....

Es un comienzo bendito transmitir la verdad a los demás seres humanos cuando uno mismo tiene la gracia de poseerla. La verdad es un don de Dios, Quien es la Verdad Eterna, y Él la concede a aquellos que creen en Él y guardan sus mandamientos, quienes viven en el amor. Y la verdad siempre trae bendición.... Pero el ser humano que cumple el mandamiento del amor al prójimo, debe compartir con los demás aquello lo que le hace feliz a él mismo, de lo contrario, carece de amor y se vuelve indigno de poseer la verdad.

Pero el amor impulsa al ser humano desde lo más profundo de su ser a dar y brindar alegría. Así, también querrá compartir la verdad con mucho gusto, y entonces Dios Mismo también puede dirigirse a sus semejantes, pues recibir la verdad es sinónimo con la transmisión de la Palabra divina, que Él Mismo dirige a la Tierra. La verdad solo puede emanar de Dios Mismo y siempre fluirá en un recipiente que se abre voluntariamente para la recepción.... Cuando Dios quiere transmitir la verdad a la Tierra, entonces lo hará a través de Su mensaje o mediante la guía adecuada de los pensamientos, pero siempre de tal manera que el ser humano se convenza de que Dios Mismo le ha llevado a la verdad.

Porque no todos los seres humanos oyen la voz de Dios Mismo, no saben o creen que Dios les habla directamente, si el ser humano cumple los requisitos previos para ello.... Sin embargo, un ser humano puede moverse en el pensamiento correcto, y entonces también se encuentra en la verdad, solo que debe cumplir las mismas condiciones que garantizan la transmisión de la Palabra divina: debe tener una fe viva en Dios y haber obtenido esta fe a través de una vida de amor.... debe acercarse a Él Mismo en busca de la verdad, debe pedirle que Dios ilumine su pensamiento y guíe su pensamiento correctamente.

Y Dios verdaderamente se le concederá la verdad ahora que le traerá felicidad interior. Entonces, también tiene el deber de guiar a sus semejantes hacia el mismo reconocimiento de la verdad, de mostrarles el camino para alcanzarla. Debe inspirarles al amor, que a su vez lleva a una fe viva, y debe despertar en ellos el deseo por la verdad, para que ellos también puedan experimentar la felicidad de estar en el pensamiento correcto.

El ser humano que posee la verdad siempre sentirá alegría al comunicarse con su prójimo, pues se siente impulsado constantemente a intercambiar ideas con sus semejantes, a dialogar y debatir, y a resolver problemas pendientes. Esto se debe a que ha despertado espiritualmente, pues lleva una vida espiritual paralela a la terrenal, porque la verdad es el camino a la vida y lo motiva constantemente a la actividad.... a servir en la viña de Dios para Dios y Su Reino.... Ahora experimentará bendiciones y las compartirá, pues la verdad es un don de Dios, y todo lo que emana de Dios irradia bendición.

Lo que emana de Dios también siempre regresa a Dios, y el destino del ser humano consiste en buscar y encontrar a Dios en la vida terrenal para unirse con Él eternamente. Dios solo puede ser conocido a través de la verdad; por lo tanto, Él Mismo guía al ser humano hacia ella, porque Él quiere ser reconocido y amado, para que Sus criaturas se vuelven a Él y anhelan la unificación con Él. Por consiguiente, cada ser humano que posea la verdad debe transmitirla, pues así también ayudará a sus semejantes a conocerlo y amarlo a Él, y porque entonces sus semejantes también recorrerán el camino que lleva a Dios, y así lograrán una vida que jamás perderán....

amén

Traducido por: Hans-Dieter Heise

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.