B.D.-Nr. 7345
Es de suma importancia saber acerca de la situación de los seres en el reino del más allá que, en su angustia, se dan cuenta de lo que dejaron de hacer en la Tierra y que se esfuerzan ahora para mejorar su situación. Solo estas almas pueden ser ayudadas por seres de luz, pues dado que el libre albedrío de las almas se respeta incluso en el reino espiritual, los seres de luz no pueden actuar en contra de su voluntad; por lo tanto, la redención de un alma que aún se resiste será sumamente difícil, y a menudo pueden transcurrir eternidades hasta que el alma misma haga un esfuerzo por mejorar su situación.
Sin embargo, es un error suponer que nunca se ofrece ayuda a las almas en las tinieblas. El reino de luz se esfuerce constantemente por llevar luz a las tinieblas, pero donde los corazones se cierran, la luz pierde su brillo y todo permanece tan oscuro como antes. Así, las almas mismas determinan su estado, que puede ser oscuridad, crepúsculo o luz. Lo determinan mediante su voluntad, la cual debe ser dirigida primero hacia la luz si debe llegar a ser más brillante alrededor del alma.
Pero si ahora un alma está tan debilitada, o todavía completamente en manos del adversario de Dios, jamás podrá levantarse por sí misma de esta oscuridad.... Tampoco sabe nada del divino Redentor Jesucristo y, por lo tanto, tampoco puede invocarlo en busca de ayuda. Así pues, permanecerá en su lamentable estado por toda la eternidad a menos que reciba ayuda mediante la intercesión de seres humanos. Precisamente esta intercesión es la que más se omite porque no se cree en su eficacia ni en su urgencia.
Pero precisamente la intercesión es un factor significativo, especialmente para la vida después de la muerte, porque donde el ser ya no es capaz de ayudarse a sí mismo, y el amor de Dios está sujeto a la ley a través del libre albedrío del alma, allí el amor de un ser humano puede intervenir como intermediario y por el bien de ese ser humano, el amor de Dios ahora puede activarse y dirigirse al ser desafortunado en forma de una transmisión de fuerza....
La decisión final, por supuesto, siempre recae en el alma misma, si utiliza y cómo utiliza la fuerza que ahorra le llega a través de la intercesión del ser humano. Pero percibe esta fuerza como un alivio y comienza a disminuir su resistencia anterior. Surge en ella una sensación de claridad que la lleva a reflexionar, y su redención ahora puede tener lugar si hace un uso adecuado de la fuerza de la intercesión. Entonces, los seres de luz también pueden intervenir sin encontrar resistencia.
Por lo tanto, toda conexión entre las almas de las tinieblas y el mundo de la luz o con Dios es imposible mientras no se haya quebrado la voluntad que aún permanece en abierta oposición a Dios; de lo contrario, el ser no estaría en las tinieblas. Pues no es solo el deseo de un estado mejor lo que decide, que sin duda todo ser en las tinieblas tendrá, sino que primero tiene que reconocer la causa de su condición miserable y esforzarse por cambiarla, transformarse a sí mismo y desear la luz por el simple hecho de tener luz, y no por la dicha asociada a ella....
El ser tiene que reconocer su pecaminosidad y desear ser liberado de sus pecados; tiene que anhelar la redención al comprender que, en esta pecaminosidad, es indigno de la presencia de Dios y tiene que desear ser liberado del pecado y de la muerte para acercarse a Dios, a Quien el alma debe anhelar.... lo cual sin duda sucederá cuando reconozca su culpa y la confiese ante Jesucristo, Quien se acercará repetidamente a él para que Lo invoque en su angustia....
El alma tiene que anhelar liberarse de su tormento, siempre con profunda humildad y consciente de sus pecados. Esto requiere una voluntad transformada, la cual solo puede lograrse mediante la intercesión, pues el alma, por sí sola, es demasiado débil al entrar en el reino del más allá en un estado de oscuridad. Entonces, a través de la intercesión, puede recibir tanta fuerza que seguramente la usará con sabiduría, ya que el amor de Dios recompensa con gusto el amor de los seres humanos que interceden, atendiendo sus peticiones para ayudar a un alma afligida en su angustia en el reino espiritual.
El amor por si solo elimina las barreras que la justicia divina ha levantado y que tampoco pueden ser derribas arbitrariamente. El amor de Dios está limitado por la voluntad del alma misma. Cuando esta falla, el amor vicario de otro ser humano puede intervenir, y Dios, por amor a este amor, ayudará al alma a liberarse de su situación desdichada. Porque Dios solo desea la bienaventuranza de cada ser, pero no su ruina....
amén