0462 La falta total de fe y la caída más profunda

12 de junio de 1938: Libro 10

Si a los tuyos quieres facilitarles los caminos, frecuentemente sólo hace falta una alusión al Amor y Cuidado del Señor, y reconocerán que nada sucede sin tener una utilidad sabia. Porque cada vez de nuevo la Ternura del Padre celestial produce horas de alegría, en que el corazón debe recuperarse de las penas y dirigirse a Él. Pero frecuentemente acontecimientos como estos quedan ignorados, porque el hombre sólo piensa en un Ser más sublime cuando se encuentra en apuros - pero no en días desahogados... Y por eso cada vez de nuevo hay que consentir en que los hombres tengan que pasar apuros, porque el cuidado del Señor no vale solamente por el tiempo en la Tierra sino por toda la eternidad.

Por eso no os dejéis afectar por las cosas. Si supierais el valor que tales sufrimientos tienen para vuestras almas, con gusto os cargaríais con ellos, porque son ínfimos en comparación con la magnificencia que os está esperando. Bendecida está la hora que os trae este reconocimiento... y bendecido está el día en que en vuestro corazón lleguéis al Padre celestial.

Infinitamente lejos está el camino que teníais que migrar hasta que llegasteis a esta época. Y ahora, tan cerca a la meta, ¿acaso queréis vacilar? ¿Acaso queréis que haya sido en vano que habéis migrado por ese camino1, y queréis repetirlo?

No reconocéis vuestro cuerpo como lo que es... como una Gracia que vosotros mismos habíais solicitado y que os fue concedido... Por eso, mientras estéis en la Tierra, nunca comprenderéis la época de Gracia extraordinaria que os está concedida... en la que podéis acumular tesoros y más tesoros para el Más Allá - para la Vida eterna... si tan sólo lo queréis, y os entregáis plenamente al Señor. Hay increíblemente muchas advertencias y avisos que os llegan... Continuamente el Señor se esfuerza por dirigir los sentidos del hombre hacia la eternidad...

Pero si el hombre, obstinado, rechaza todo y sólo va detrás de lo mundano donde encuentra la satisfacción de sus deseos, ¿cómo, entonces, su mente puede doblegar y orientarse correctamente? - ¡Sólo por el sufrimiento, y eso tanto más, cuanto más obstinada el alma persiste en el rechazo! Incluso habrá que llegar al extremo que los hombres estén preparados a perder su fe en Dios del todo; porque frecuentemente el hombre sólo puede animarse para formar una voluntad firme, cuando ya ha sufrido la caída más profunda... donde ya no hay un “más abajo”... Entonces es cuando las ganas por las Alturas se producen doble fuertes... y es entonces cuando el hombre empieza a agarrarse a algo que está fuera de su comprensión... Empieza a estar en contacto con aquella Fuerza cuya existencia supone, y no quedará sin ayuda.

Aun así tenía que pasar por este camino, porque sin fuerza propia, sin fe y sin Gracia no podía evolucionarse hacia las Alturas; pues encontrándose en extremos apuros, tenía que solicitar y obtenerlos en su interior.

De esta manera tal hombre experimenta un cambio total de su forma de pensar, la que le trae suma bendición... mientras que donde el hombre sólo se dedica superficialmente a pensamientos en un Más Allá, allí estos nunca echarán raíces profundas en el corazón.

Un hombre cuya forma de pensar es tibia e indiferente, se encuentra en condiciones mucho peores, porque toda Gracia del Señor pasa ante él sin dejar huella alguna. También en este caso harán falta penas, para llevar a tal ser humano hacia una orientación seria.

De modo que para incontables seres humanos los sufrimientos siempre seguirán siendo donadores de bendición, porque no hay nada más perjudicial para el alma que un estado de inactividad que dura muchos años, con lo que la temporada de Gracia de la encarnación queda considerablemente reducida; pues el tiempo en que vegeta indolentemente sin trabajo en el alma, para el hombre en cuestión está totalmente perdido.

Y si queréis escapar de los sufrimientos, entonces también vuestro tiempo en la Tierra ha sido vivido desperdiciadamente, a no ser que por muy propia iniciativa os unáis con el Padre celestial, y mediante la oración y conexión íntima con Él os deleitéis en el Manantial, llegando de esta manera a las Alturas que debéis alcanzar.

A aquel que asimila esto con todo el corazón, los sufrimientos ya no le agobiarán, porque las porta voluntario para el Señor y Salvador, el Redentor divino de la humanidad.

Amén.

Traducido por: Meinhard Füssel

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.

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