B.D.-Nr. 7124
La fuerza de Dios se os transmitirá directamente hacia vosotros, y podréis permitir que fluya a través de vosotros en cualquier momento y tan a menudo como la deseéis. Solo necesitáis estar listos para recibirla, es decir, para abriros, para entregarse a Dios y dejarle a Él todo lo demás. Entonces también sois recipientes adecuados en los que Él pueda derramar a Sí Mismo, Su Espíritu, Su fuerza, y entonces también estáis conectados con Él, para que Él pueda seguir obrando en vosotros y a través de vosotros.
Esta irradiación de fuerza es de suma importancia para vuestro desarrollo espiritual, que es el único propósito de vuestra vida terrenal, pues el alma ahora recibe constantemente la fuerza que antes le faltaba para poder transformarse a su anterior estado de perfección. Sin esta irradiación de fuerza no es capaz de hacerlo. Sin embargo, dado que tanto la irradiación de fuerza como la actividad del alma son procesos puramente espirituales, este acto tan significativo de recibir la fuerza de Dios a menudo no se lleva a cabo; solo muy raras veces hay seres humanos que se preparan de tal manera que la fuerza de Dios pueda irradiar en ellos.... Y, sin embargo, todo ser humano es capaz de ello. Ya el deseo de querer escucharlo a Él y, por lo tanto, recibir la “Palabra de Dios”, es una apertura del corazón, que hace posible una irradiación de la fuerza de Dios.
Y esta fuerza ahora también obrará en el ser humano, impulsándolo desde dentro a trabajar en su alma, es decir, a obrar en amor, pues la transformación del ser al amor es el verdadero trabajo del alma que un ser humano deber realizar durante su vida terrenal. Pero hasta que la fuerza de Dios pueda ser transmitida al ser humano, su alma permanecerá inactiva, pues al comienzo de su encarnación como ser humano, su estado espiritual aún es de debilidad y ceguera, que solo cambia cuando la fuerza de Dios toca el alma.
Esta fuerza, sin embargo, está constantemente disponible para vosotros, los seres humanos; Dios Mismo no se os la niega, y tampoco la os restringe. Sin embargo, no la os puede transmitir en contra de vuestra voluntad; vosotros mismos debéis desearla y solicitarla para que se la os conceda sin restricciones. Si vosotros, los humanos, hicierais uso de este don, os abriríais a este flujo de fuerza con la mayor frecuencia posible. Pronto os veríais verdaderamente liberados de cualquier sentimiento de debilidad y también experimentaríais un fortalecimiento físico, porque el alma también tendrá un efecto beneficioso en el cuerpo, que, con plena conciencia de fuerza, la utilizará para obrar en el amor, permitiendo así un transmisión constante de nueva fuerza....
(19.05.1958) La transmisión de fuerza presupone, por lo tanto, una voluntad de recibir, un establecimiento consciente de contacto con Dios, la Fuente del Fuerza desde la Eternidad. Y, por lo tanto, ningún ser humano puede esperar que esta fuerza se le transmite arbitrariamente hacia él, que no pueda evitar que realizar obras de amor y, a través de esto llegar a conseguir fuerza.... Ciertamente puede verse coaccionado a realizar una determinada actividad, pero esta actividad carecería de amor, porque el amor tiene que encenderse en el libre albedrío.
Pero una vez que se haya encendido en el corazón del ser humano, su mirada también se dirige hacia Dios, anhela un vínculo con Él y se abre conscientemente a la corriente de fuerza de Dios. Siente entonces en su interior el anhelo de entregarse a Dios, sus pensamientos se dirigen constantemente a Él, y tiene un solo deseo de estar unido con Él.... Es el alma la que cede a la incitación del espíritu en el interior de ella y, a su vez, se dirige hacia el Espíritu Padre desde la Eternidad. Entonces, la separación que el ser creó voluntariamente se ha levantado, pero la cual no se puede levantar sin la transmisión de fuerza de Dios.
El ser humano solo necesita volver hacia Dios, como una vez se apartó de Él.... Y cada ser humano puede reunir esta voluntad.... igual como dirige su voluntad hacia el mundo y no esté obligado a hacerlo, precisamente porque la chispa del espíritu en el ser humano, que al principio, como voz de la conciencia, actúa en él solo muy silenciosamente.... y porque la voluntad de Dios se presenta a cada ser humano, para que el mismo pueda ajustarse libremente a ella.
Según su voluntad, ahora también le concederán la gracia; y su vida también le brindará amplios motivos para recurrir a su Dios y Creador; aprenderá sobre Jesucristo y Su obra de Redención, y podrá acercarse a Él para fortalecer su voluntad. Tiene la oportunidad de conocer a Dios y depende únicamente de él si quiere establecer contacto con Él o no. Pero solo este contacto consciente le asegura la fuerza que necesita para emprender su camino de regreso a la casa del Padre. Solo este contacto consciente con Él es la decisión de voluntad por la que vive en la Tierra....
amén