8420 La “divinización” sólo es posible a través de la obra de Redención...

23 de febrero de 1963: Libro 88

Que podáis transformaros en Mis “hijos” en la tierra es Mi plan desde la eternidad, que también se lleva a cabo, sólo que vosotros Mismos determináis la duración de esta transformación. Se ha hecho posible a través de la obra de Redención de Jesucristo, que podéis pedirle la fuerza en cualquier momento, podéis pedirle el fortalecimiento de vuestra voluntad en cualquier momento. Porque el hombre Jesús murió en la cruz por esto, y que Él adquirió gracias inconmensurables para vosotros y todas estas gracias pueden lograr el regreso hacia Mí.

Para alcanzar el grado de filiación con Dios, el ser que una vez creé tuvo que atravesar las profundidades más profundas y, a través de la superación alcanzar un grado de madurez espiritual en su existencia como ser humano, que ahora debe aumentar en el libre albedrío hasta su perfección... es decir, hasta que haya recuperado de nuevo su naturaleza original, el ser que saqué en toda perfección de Mi poder y de Mi amor... Pero ahora Mi poder ya no es la razón de vuestra perfección, sino vuestro libre albedrío se ha esforzado por alcanzarla, y por consiguiente de “criaturas” os habéis convertido en “hijos” de Dios, os habéis formado en Dioses, como ha sido Mi plan desde la eternidad.

Y en el brevísimo tiempo de vuestra vida terrenal como ser humano se pondrá a prueba vuestro libre albedrío... El tiempo de vuestra existencia en la tierra como ser humanos es solo como un momento en la eternidad, y este momento puede ser suficiente para que os perfeccionáis, que vuestra transformación de vuelta a vuestro ser original se cumpla, si tan sólo dirigís vuestra voluntad correctamente... Porque esta no está determinada de ninguna manera, pero siempre se ayudará al ser humano para que la dirija correctamente... Mi medida de gracia es inagotable y cada persona puede solicitar y evaluar las gracias, no está restringida de ninguna manera...

Pero la mayor gracia es la Redención a través de Jesucristo, que le quita toda debilidad, porque entregarse a Él significa ser introducido al reino de la luz y de la felicidad por Él Mismo... el hijo de Dios y Redentor del mundo en Quien Yo Mismo realicé la obra de Redención... Porque quien se entrega a Él, ahora también Me reconoce a Mí, y su pecado original le es perdonado, que lo hundió en las tinieblas, y al mismo tiempo se le da la fuerza para cubrir la última ascensión, para lograr el último objetivo, completar la re-transformación a su ser original, que es también el logro de la filiación con Dios, el cambio de Mi criatura a Mi hijo.

Pero ningún hombre puede realizar este cambio por su propia fuerza, sin la ayuda de Jesucristo, porque se encuentra en el poder de Mi oponente mientras esté cargado todavía con su pecado original, y tampoco podrá perfeccionarse por tanto tiempo, porque Mi adversario se lo impide y hace todo lo posible para detener al ser humano del reconocimiento de Jesús y Su obra de Redención. Y, sin embargo, siempre es sólo el ser humano quien decide esto por su voluntad, y para esto se le ha dado la vida en la tierra, porque en esta puede volver a usar su libre albedrío, porque Mi voluntad y Mi poder se retiran y dejan al humano la más plena libertad...

Pero el objetivo es tan excesivamente alto y significativo, porque ser “hijo de Dios” garantiza una felicidad ilimitada, que Mi poder no puede dar al ser, que como “creado” aún no ha alcanzado el grado más alto de perfección. Es vuestra propia obra, que debéis lograr y también podéis lograr, porque Mi amor está a vuestro lado, pero siempre con respeto a vuestro libre albedrío. Pero el amor os da medios de gracia en abundancia, Mi amor no os opone exigencias que no sabríais cumplir... Mi amor irradia sobre vosotros, y cuanto más os abráis a esta a esta irradiación, tanto más fácil será el ascenso para vosotros, tanto más seguros llegaréis a vuestro objetivo...

Porque no se os exige otra cosa que una transformación de vuestro ser, que inicialmente como ser humano es fuertemente amoroso a sí mismo, y en contraste con el amor verdadero, divino, que es completamente desinteresado, que sólo quiere hacer feliz y dar, y que por lo tanto ser humano tiene que dejar que se encienda en sí mismo para lograr la transformación completa de su ser. Y es posible que todo ser humano practique este amor desinteresado, para que todo ser humano pueda llegar a ser hijo de Dios, porque no se le pide nada más que el amor...

Si su pecado original ha sido ahora redimido por Jesucristo, entonces su amor propio, el signo de su pertenencia a Mi oponente, también ha sido superado...Esta libre de su poder y se volverá en amor sólo hacia Mí en Jesucristo, y este amor aclarará e iluminará el alma, este amor crecerá y llenará el alma por completo y ahora la re-transformación se ha cumplido y Yo he logrado Mi objetivo...

amén

Traducido por: Hans-Dieter Heise

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.

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