B.D.-Nr. 7836

La creencia y el conocimiento de la obra de Redención....

Cuando Yo a través de Mi muerte en la cruz reabrí el reino de la luz para vosotros, el poder de Mi adversario sobre vosotros se quebrantó, en la medida en que vosotros mismos pudisteis oponeros a él por vuestra propia voluntad, lo cual antes era imposible, ya que estabais completamente debilitados bajo su dominio. Ahora, sin embargo, él ya no podía mantener cautiva vuestra voluntad, y en cuanto esta estuvo dispuesta dirigirse a Mí, os liberasteis de su poder y ahora recibisteis fuerza de Mí, porque Yo la había adquirido para vosotros a través de Mi muerte sacrificial.... En vuestro estado humano vuestra voluntad es libre; no está coaccionada por nadie. Sin embargo, puede debilitarse por completo y entonces no podéis resistir a Mi adversario.... Para que esta voluntad debilitada llegaba a experimentar un fortalecimiento, por eso morí en la cruz. Y ahora vosotros, los humanos, solo necesitáis pedirme en Jesucristo el fortalecimiento de vuestra voluntad, y seréis capaces de liberaros del poder del adversario.

Por lo tanto, debéis reconocer la obra de Redención de Jesucristo, y por consiguiente, se os debe impartir este conocimiento. Debéis comprender que la culpa original es la causa de vuestra estancia en la Tierra, y que esta culpa original es también la razón de la Obra de Redención. Debéis saber por qué un ser humano sufrió la muerte en la cruz y qué misión cumplió realmente: que se ofreció a Mí Mismo voluntariamente como caparazón humano, porque Yo quería expiar en Él la gran culpa para vosotros que os mantenía cerrado el Reino de la Luz para vosotros desde vuestra apostasía de Mí....

Por lo tanto, se os instruirá una y otra vez en la verdad, para que todas las correlaciones os sean claras, para que ahora también reconozcáis vuestro propósito terrenal, que consiste en creer en Jesucristo como Hijo de Dios y Redentor del mundo, pues no podréis entrar por otra puerta al Reino de la Luz hasta que también vosotros hayáis hallado la Redención, para la cual solo se necesita vuestra propia voluntad, para que os volváis a Mí, Quien Me he encarnado en el hombre de Jesús, Quien Yo Mismo morí en la cruz por vosotros para redimiros del poder de Mi adversario. Y si aún tenéis una voluntad débil, venid a Mí en Jesús y pedidme que fortalezca vuestra voluntad....

Y verdaderamente, seréis liberados de este poder, pues entonces vuestra voluntad ya estará dirigida hacia Mí, y vuestra vida terrenal no será vivida en vano; os llevará al objetivo que jamás podréis lograr sin la Redención a través de Jesucristo. Incluso el deseo de conocer la verdad acerca de Él y Su obra de Redención os da fuerza y gracia, pues testifica que anheláis liberaros de Mi adversario, que busca manteneros en la oscuridad del espíritu.

La verdad, sin embargo, es luz y entonces deseáis la luz cuando preguntáis por la verdad.... y la Luz Eterna os brillará, y verdaderamente, os transmitirá un conocimiento correcto, y entonces os dirigís al divino Redentor Jesucristo y también a Mí, a Quien ahora reconocéis en Jesús como vuestro Dios y Padre desde la Eternidad. Entonces habréis regresado voluntariamente a Mí, y entonces Mi muerte en la cruz no habrá sido en vano para vosotros; entonces la puerta al Reino de la Luz se abrirá para vosotros; vosotros mismos estaréis nuevamente unidos Conmigo, las profundidades habrán tenido que liberaros, y ahora permaneceréis eternamente conmigo.... Y por lo tanto, nunca dejaré de iluminaros a través de Mi Palabra, porque una cosa es absolutamente necesaria: tener conocimiento acerca de la obra de Redención.

Él no puede ser ignorado, sin Él no hay dicha.... Y Yo no puedo ser pensado de otra manera que en Él.... Y si queréis poneros en contacto Conmigo, esto solo puede suceder en Jesús, Cuyo caparazón elegí para poder ser un Dios visible para vosotros, Quien soy un Espíritu, inconcebible para vosotros.... Quien llena todo el universo, pero Que se manifestó para vosotros, Sus criaturas, en el caparazón humano de Jesús.... En Él, por lo tanto, debéis buscarme, y Me encontraréis y jamás Me perderéis....

amén

Traducido por: Hans-Dieter Heise

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.