B.D.-Nr. 7795
Los resultados espirituales que el alma puede manifestar al final de su vida terrenal están determinados por el ser humano mismo a través de su estilo de vida, pues lo ha llevado libremente y sin restricciones, y solo necesitaba someterse a la voluntad de Dios para conseguir la madurez del alma.... Y cómo ahora haya utilizado su voluntad esto determina el destino del alma en el reino del más allá.
Constantemente se amonestará a los seres humanos que deben recordar de su vida después de la muerte y, por lo tanto, vivir su estilo de vida en consecuencia. Sin embargo, la creencia en la supervivencia del alma es demasiado débil o inexistente, y por lo tanto, los seres humanos se toman a la ligera su trabajo espiritual, viven solo para este mundo y rara vez logran un grado de madurez espiritual que les brinda una pequeña luz cuando parten de esta vida. Y, sin embargo, solo necesitan vivir una vida de amor, y entonces su estilo de vida ya corresponde a la voluntad de Dios y les traerá la madurez del alma.
El deseo por la materia, sin embargo, suele sofocar la chispa del amor en el corazón humano, pues el amor propio es demasiado fuerte y solo exige, pero no da.... Solo el amor desinteresado, aquel que desea dar y brindar felicidad, es divino, es decir, conforme a la voluntad de Dios porque también corresponde al Ser primordial de Dios.... El amor que exige, en cambio, no es divino y jamás promueve la madurez del alma: La mayoría de los seres humanos, no obstante, están llenos de un amor exigente, y su deseo se dirige únicamente hacia los bienes materiales-materiales, la felicidad terrenal, la fama y el prestigio....
Es un amor que se gira únicamente en torno a lo material, que jamás busca el bienestar del prójimo.... es un amor impío que solo arrastra a los seres humanos hacia abajo, impidiéndoles llegar a las alturas. Tal amor no pertenece al orden divino; es el legado de aquello que carece de todo amor, aquello que, como adversario de Dios, busca constantemente influir en los seres humanos para que cuiden el amor propio, impidiendo así cualquier acercamiento a Dios, lo cual presupone un amor desinteresado y buscador de la felicidad.
Pero los seres humanos no consideran que su propósito en la Tierra no puede ser únicamente la satisfacción de deseos terrenales, y creen que tienen el derecho a tomar todo lo que el mundo les ofrece. No creen en supervivencia después de la muerte y, por lo tanto, son irresponsables en su estilo de vida en la Tierra. Pero no se les puede obligar a pensar o querer de otra manera, ellos mismo deben decidir libremente qué camino quieren seguir en la Tierra.
Así pues, deben llegar a esta cognición por sí mismos, pero también son constantemente advertidos y amonestados, y solo necesitan reflexionar sobre tales advertencias, algo que en su mayoría no lo hacen. Por lo tanto, el ser humano mismo determina el grado de madurez del alma, él determina la riqueza o pobreza espiritual del alma al final de su viaje terrenal, él determina el destino del alma en el más allá, que no puede ser otro que aquello por lo que el ser humano se ha esforzado....
Solo cuando la mirada del ser humano está dirigida espiritualmente, cuando reflexiona sobre el significado y el propósito de la vida terrenal, sobre la vida después de la muerte, despertará en él un sentido de responsabilidad. Y bienaventurado aquel que pronto llegará a la cognición que debe ayudar a su alma a alcanzar la madurez.... Bienaventurado aquel que combate su amor propio desde temprana edad y lo transforma en amor desinteresado al prójimo.... Él logrará que su alma alcance el grado de madurez que le preserva de las tinieblas cuando termine la vida corporal del ser humano.... porque llegará a la bienaventuranza en el Reino espiritual, no necesitará temer a la muerte, porque simplemente entrará en una vida que dura eternamente....
amén