5407 Dios será poderoso en los débiles

8 de junio de 1952: Libro 60

Yo quiero ser poderoso en los débiles, y daros a vosotros hombres la prueba de que una fuerza de arriba actúa tan visibilmente que no puede ya más ser negada. No a los grandes y poderosos me quiero Yo manifestar, pues ellos no están por lo general en la humildad, lo que tiene por previa condición el obrar de Mi Gracia, y si ellos hacen algo, creen que lo realizan por su propia fuerza. Mas Yo quiero manifestarme a los débiles, los que reconocen su debilidad, Yo quiero manifestarme a los hijitos de menor edad en esta tierra y los que en la más profunda humildad me llaman que Yo los refuerce. Y Mi Fuerza actuará visiblemente en ellos, y harán señales y milagros, como Yo lo he anunciado de que Yo quiero ser poderoso en los débiles. Pero a pesar de su debilidad tienen que ser fuertes en la fe en Mí como Padre amante y el más poderoso Soberano del Cielo y de la tierra.

En esa creencia yace vuestra fuerza, a la que Yo Mismo me rindo cumpliendo lo que el hombre fiel espera, no allí me presentaré en aparición, donde es cierto que Yo soy conocido con muchas palabras en público, pero no soy conocido vivamente, tampoco me presentaré donde se encuentran hombres, por medio del estudio, en el saber, donde se creen que poseen el privilegio de ser especialmente por Mí distinguidos. Yo no haré milagros de Mi Poder y Gloria en la elevación mundanal, ni en los círculos de gran erudición, ni tampoco donde la devoción hipócrita santurrona engaña a los hombres; pero donde un hijo de la tierra eleva sus ojos y su corazón atento a Mí en silencioso amor y me invoca con toda sencillez, balbuceando filialmente como un niño, en la declaración de su debilidad e indignidad, allí Yo Mismo me daré a conocer y transmitiré Mi Fuerza y Mi Amor con toda plétora en él.

Yo seré poderoso en los débiles, para que los fuertes y altos mundanos reconozcan a qué pongo Yo valor durante la vída terrena. Y Yo les abriré a estos un saber que no puede adquisirse por medio de estudios y que, sin embargo, lo supera con mucho a ellos, pues ese saber es la Verdad, la cual solamente Yo Mismo puedo distribuír y también quiero instruír a los que sean dignos de ella.

Mas a la dignidad pertenece irrevocablemente la humilidad, un corazón creyente infantil y una voluntad dírigida y dedicada seriamente a Mí. Vosotros tenéis que sentiros vosotros mismos incapaces de averignar la Verdad por propio esfuerzo, y por eso pedirme a Mí Mismo por la Verdad, y para eso se requiere como lo primero la fe, de que Yo puedo daros la Verdad y quiero dárosla. Y eso es una fe infantil, pues un saber mundano de eruditos de importancia opone resistencia a tal fe, que desbarata toda su erudición, si la pura Verdad pudiera serle dirigida a los hombres de esa forma. Y por eso la humildad tiene que ser realizada en el corazón de los hombres, la cual viene ante el conocimiento: “Nosotros sin Dios no somos nada ...” Después una íntima oración se eleva a Mí, por lo que Yo me compadezco del hijito débil y hago caso a su llamada ¡tenéis que poder crear en vosotros una fe de niño!

Y Yo inclino a Mi Espíritu hacia abajo y realizo a los débiles, y soy por tanto Yo Mismo poderoso en los débiles, pues Mi Espíritu se despliega y actúa de forma notoria, y todo el que quiera me reconocerá y llegará a creer en un Dios, quien es sumamente sabio, cariñoso y poderoso.

Amén

Traducido por: Pilar Coors

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.

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