4950 Propósito de la vida en la tierra: servir en amor en libre albedrío...

13 de agosto de 1950: Libro 56

Este es vuestro propósito de la vida en la tierra, que vosotros los humanos os sirváis unos a otros en amor, porque sólo el servir en el amor es el verdadero amor al prójimo. El hombre no debe creer que puede arreglárselas sin la ayuda de su prójimo. Necesita a su prójimo, así como también debe ayudarlo. Debido a que el amor debe encenderse en el corazón humano, el prójimo debe depender de la ayuda de vez en cuando, de lo contrario no tendría la oportunidad de desarrollar su amor.

Lo que se puede demostrar en toda la creación material, es, que todo tiene su finalidad, que toda obra de creación sirve cumpliendo su finalidad de contribuir a la conservación y vivificación de otras obras de creación en estado de obligación... En esto también consiste la tarea del ser humano, servir, pero en libre albedrío, es decir, por amor a Dios y al prójimo. Y este amor servidor es lo único que redime al hombre, porque de esta manera suprime el antiguo pecado, la apostasía de lo espiritual de Dios en arrogancia y ansia de poder...

Pero quien no se somete a este mandamiento del amor a Dios y al prójimo, cuyo espíritu aún está lleno de arrogancia, no reconoce el propósito de su vida terrenal y, por lo tanto, permanece sin ser redimido... no puede moverse libremente después de haberse librado del cuerpo, no ha aprovechado la vida terrenal, la ha vivida en vano... aunque le ha traído alguna ventaja terrenal y al final puede mirar hacia atrás a una vida ocupada. Se trata del alma del hombre, no de su cuerpo. El cuerpo le fue dado al ser humano para que el alma pudiera madurar en este, el cuerpo era sólo el medio para un fin, porque el alma es inmortal, pero el cuerpo muere, y el alma no se lleva nada de lo que ha adquirido en la tierra al reino espiritual.

Así que mientras el ser humano sólo se cuide de sí mismo y camine apáticamente junto a su semejante, mientras no tenga el corazón abierto y ojo para la necesidad de su semejante, se rige por el amor propio, lo cual es un gran obstáculo para el desarrollo ascendente del alma. Porque este amor propio arrastra hacia abajo, el amor propio es un amor mal dirigido que nunca tiene un efecto redentor, sino que ata aún más al hombre, que se pone como un grillete alrededor de su espíritu, que nunca puede ser despertado por el amor propio.

Cualquiera que se ame a sí mismo siempre menospreciará a su semejante, y le es imposible un servir de amor desinteresado al prójimo porque el principio rector todavía está en él y le aparta de cualquier acción amorosa. Cuanto más metido está la humanidad en el amor propio, mayor será la miseria terrenal, que el mismo Dios utiliza como medio para encender la llama del amor al prójimo en el corazón. Cuyo corazón está tocado por la miseria de su semejante aún no está endurecido y su Salvación no está en entredicho.

Debe haber necesidad terrenal, cuando la necesidad espiritual se ha vuelto tan grande que el amor se ha enfriado en los corazones de las personas... entonces Dios trata de calentar los corazones a la necesidad de los semejantes, para que puedan cumplir con su propósito de la vida terrenal, para aumentar la madurez de sus almas mediante el servicio de amor al prójimo, porque sólo el amor los redime, sólo el amor hace libre y da al alma luz y fuerza, sólo el amor saca el alma de lo profundo, sólo el amor la saca de la oscuridad de la noche hacia la luz y la libertad..._>amén

Traducido por: Hans-Dieter Heise

Este comunicación no se menciona en ninguna folleto temático.

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