Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/8077

8077 El Espíritu de Dios no se contradice....

11 de enero de 1962: Libro 85

Podéis representar tranquilamente Mi Palabra como pura verdad y también guiaré vuestros pensamientos de tal manera que siempre reconozcáis dónde el oponente está avanzando y quiere confundir el pensamiento de los seres humanos. Porque os di la pura verdad para que pudiera encontrar aceptación entre la gente. Y a quien puedo transmitir esta verdad en forma directa, también está capacitado para ejercer un oficio docente, y siempre podrá refutar cualquier objeción que le hagan sus semejantes.

Quiero que la verdad se abra paso, que haya luz, que las tinieblas desaparezcan, es decir, que los humanos aprendan a pensar correctamente. Pero como esto requiere el libre albedrío de los humanos, no será fácil combatir el error. El ser humano mismo es responsable de si se mueve en la verdad o en el error, porque de Mi lado verdaderamente le llega una luz, que sólo necesita aceptar si se toma en serio la maduración de su alma....

Por eso se os debe dar la explicación de que nunca debéis temer que Mi Espíritu se contradiga. Quien se toma en serio la verdad, puede reconocer fácilmente si es Mi Espíritu el que se expresa.... Porque Yo también doy a este ser humano la capacidad de distinguir, y él mismo se sentirá dirigido por Mí. Pero debe aceptar Mi Palabra con el corazón, no sólo con el intelecto. Cualquiera que se acerque a una prueba con prejuicios ya no podrá juzgar correctamente.... porque su intelecto predomina y ahoga el sentimiento del corazón....

Pero Yo sólo puedo hablar a un ser humano a través del corazón. Por eso, abrid vuestros corazones cuando deba hablaros, ya sea directamente o por transmisión de Mis siervos.... Quered, que seáis abordados por Mí, y verdaderamente vuestro pensamiento ser iluminado, comprenderéis lo que antes era incomprensible para vosotros, también seréis capaces de emitir un juico claro, y seréis felices de poder escuchar la voz de vuestro Padre, Que quiere hablar a todos Sus hijos que sólo desean oírlo a Él....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise