Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7664
7664 Actitud correcta hacia la obra de Redención....
3 de agosto de 1960: Libro 80
La crucifixión de Jesús fue el acto de expiación por los pecados de toda la humanidad. Él tomó sobre Sí todos los pecados de la humanidad al caminar hacia la cruz, pues sufrió indescriptiblemente, tanto física como espiritualmente, porque la carga del pecado que quería expiar era inmensa. Era el pecado original de la apostasía de los seres espirituales de Dios, un pecado que los seres humanos jamás podrían haber expiado por sí mismos, y que todos los seres humanos cometen en la vida terrenal.... Pero Él ha ofrecido el sacrificio de la cruz por amor para redimir a la humanidad.
Ningún ser humano es consciente de la magnitud de esta obra de Misericordia, y ningún ser humano puede evaluar durante su vida terrenal la extraordinaria gracia que significa poder dirigirse a Jesucristo para obtener el perdón de sus grandes pecados. Porque solo este perdón abre la puerta al Reino de la Luz, pues un ser lleno de culpa jamás podrá entrar en ese reino, ya que permanecería eternamente en el reino de las tinieblas sin este perdón de Jesucristo. Y nadie puede comprender los tormentos y el dolor que Jesús sufrió por la humanidad pecadora, que solo la muerte más amarga en la cruz terminó.... ningún ser humano puede evaluar el sufrimiento y la humillación lo que Jesús soportó por amor a Sus semejantes, de quienes sabía que se encontraban en la más profunda necesidad espiritual....
Él querría liberar a los seres humanos de esa necesidad; quería allanar el camino hacia el Padre para ellos, Sus hermanos caídos; quería expiar sus pecados, porque la “Justicia” de Dios exigía que se hiciera expiación para tal culpa del pecado. Pero los seres humanos tienen que reconocer Su obra de Redención.... tienen que querer, que Él también murió por ellos; deben confesar su culpa ante Él y pedirle perdón a Él; esto es todo lo que se les exige para ser liberados de su pecado y tener derecho al reino espiritual, donde hay libertad, luz y bienaventuranza....
Reconocer a Jesucristo, el divino Redentor, y emprender el camino hacia Él.... eso es todo lo que se exige de los seres humanos, pero lo que también cada ser humano debe hacer por sí mismo en el libre albedrío para pertenecer a los redimidos para Él derramó Su sangre....La obra de Redención se ha realizado para todos los seres humanos del pasado, del presente y del futuro.... Sin embargo, se requiere el propio libre albedrío para liberarse de la culpa del pecado; de lo contrario, todo el mundo sería redimido instantáneamente, e incluso el modo de la vida terrenal se haría superflua si, después de la crucifixión, solo hubiera almas “redimidas”....
El libre albedrío no queda excluido de esta Redención, y por lo tanto, el ser humano mismo debe querer, que Jesús también lo haya redimido a él a través de Su muerte en la cruz; debe anhelar de pertenecer a los redimidos y, por consiguiente, pedírselo conscientemente. Y todos deben comprender que primero tienen que tener la actitud correcta hacia Él, el divino Redentor. Deben creer en él y unirse a él en pensamiento, deben orarle para que los salve, para que los libere de los pecados y sus consecuencias. Y por eso tienen que reconocerlo a Él.
Pero entonces poseen una fe viva y, por lo tanto, la actitud correcta hacia Él, y entonces también pertenecerán a aquellos por quienes Su sangre fue derramada en la cruz. Sin Él y Su Redención, sin embargo, el ser humano permanece en las tinieblas; permanece en el reino que pertenece al adversario de Dios; no tiene conexión con Dios, Quien Se encarnó en Jesús; está fuera de aquellos por quienes murió en la cruz. Y entonces no puede ser redimido de la necesidad espiritual; entonces quedará colapso bajo el peso del pecado y ya no podrá levantarse sin ayuda. Porque solo el divino Redentor, Jesucristo, puede liberarlo de su culpa....
amén
Traducido por Hans-Dieter Heise