Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7451

7451 Capacidad de juicio del destinario....

9 de noviembre de 1959: Libro 78

Y que leáis la Escritura con la comprensión adecuada, esto solo logra el espíritu en vosotros, el cual guía la mente correctamente, ayudándola a recibir todo adecuadamente e interpretarlo en el sentido correcto. Pues puede captar no solo el significado literal, sino también el significado espiritual de las letras, y entonces el pensamiento del ser humano es guiado por el espíritu. Y así sucede con cada Palabra que Dios, en Su Amor, dirige desde lo alto a la Tierra.... También debe revelar al receptor al mismo tiempo la comprensión de la misma, de lo contrario, estas Palabras también estarían muertas y no podrían traer ninguna bendición particular al ser humano.

Es el espíritu quien da vida a la Palabra, y el espíritu es la fuerza divina dentro del ser humano que dirige adecuadamente cualquier irradiación divina.... Dios se dirige al ser humano y al mismo tiempo le da la capacidad de captar la Palabra, pensarla y evaluarla con su mente.... siempre y cuando el ser humano tenga la voluntad de beneficiarse de la Palabra divina.... lo cual, sin embargo, es difícil de poner en duda en el caso de un ser humano, que se entrega a sí mismo a Dios para escuchar Su discurso. Sin embargo, solo se convierte en su propiedad espiritual cuando el ser humano lo comprende y también puede transmitirla a su semejante.

Por lo tanto, una explicación de un ser humano que ha recibido la palabra puede aceptarse como correcta, pues Dios a través de Su Palabra también otorga al ser humano la capacidad de discernimiento. Su tarea ahora consiste en defender la Palabra recibida y comunicarla con claridad a sus semejantes cuando no sea posible transmitirla directamente. El receptor de la Verdad divina jamás permanecerá sin impresión respecto al contenido ni será incapaz de comprenderlo, lo comprenderá y también podrá hacerlo comprensible a sus semejantes con palabras claras, pues en eso consiste la fuerza de la Palabra divina, que.... como transmitida del Espíritu divino.... también habla al espíritu interior del ser humano, que lo comprende todo y, por lo tanto, puede reproducirla de forma comprensible.

Es necesario un cierto grado de amor, para como mediador entre Dios y los seres humanos poder recibir Su Palabra, y este grado de amor también garantiza la comprensión de lo que ahora recibe directamente como bien espiritual.... por lo que no hay que temer una interpretación errónea de las Enseñanzas, incluso cuando eso ocurre oralmente, porque el ser humano ha comprendido plenamente el significado al que se dirigen estas revelaciones. El Espíritu habla al espíritu, es decir, el Espíritu Padre desde la Eternidad envía Su irradiación al ser humano que se abre.... Por consiguiente, este ser humano solo puede recibir Irradiaciones divinas, y esta Irradiación divina tiene verdaderamente la fuerza de guiar correctamente el pensamiento del ser humano, de modo que el bien espiritual se comprenda y se reproduzca correctamente.

Por otro lado, quienes no pertenecen a la comunidad de Dios no deberían intentar alterar estas Enseñanzas espirituales, no deberían explicar estas Enseñanzas ellos mismos ni interferir así con su pensamiento humano, a menos que ellos mismos estén iluminados por el Espíritu de Dios, pero entonces muestran siempre la misma resistencia a añadir o cambiar la Palabra divina. Solo un espíritu no despierto se dedicará a tal labor, a “editar” o explicar las revelaciones divinas. Pues el espíritu despierto sabe que tales acciones son innecesarias y solo pueden ser perjudiciales para lo que Dios ha revelado a los seres humanos a través de Su Espíritu.

Y por eso debéis absteneros de querer aplicar vuestro razonamiento allí donde ha hablado el Espíritu divino, y debéis esforzaros para que el agua de la vida se mantenga pura tal como surge del manantial de la vida.... Porque lo que surgió de Dios en toda pureza tiene que mantenerse inmutable, así no perderá su fuerza, sino que será y seguirá siendo para todos una verdadera fuente de vida para siempre....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise