Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7429

7429 La Palabra “viva”....

16 de octubre de 1959: Libro 78

La Palabra siempre permanecerá viva cuando es recibida desde lo alto, es decir, cuando se Me invoque para hablar con Mi hijo, sin importar dónde ni cuándo. Esta invocación siempre debe preceder a la transmisión de la Palabra viva, pues primero debo conocer el deseo del ser humano de ser abordado por Mí antes de poder dirigirme a él. Yo Mismo sé bien si un ser humano desea ser abordado por Mí, pero debe acercarse a Mí conscientemente para ello, porque tiene que poner en práctica su voluntad, lo que demuestra su actitud hacia Mí. Entonces, sin embargo, Mi Palabra viva le traerá alegría; es decir, Yo Mismo Me dirijo a Él y a través de esto llegará a la vida.

Así, todo ser humano, anhelando escucharme a Mí Mismo, lea el Libro de los Padres, La Escritura, será abordado directamente de Mí y la Palabra dará vida a su alma porque alberga en su interior el deseo de vivir y no permanecer en el estado de muerte que es su destino cuando se mantiene apartado completamente de Mí con sus sentidos, y esta es la señal de la vida, que ha llegado a ser sabiendo, para que haya luz en él, que aprenda a comprender lo que Yo pretendo lograr con su vida terrenal, y que entonces se esfuerce conscientemente por acercarse a Mí, comprendiendo que la felicidad y la dicha se encuentran solo en Mí.

Y solo alcanzará este estado de cognición si se deja abordar de Mí y vive fielmente su vida terrenal según Mi discurso.... es decir, cuando el niño escucha y obedece lo que el Padre le pide. Entonces el ser humano ya no está apartado de Mí; se ha vuelto a su Dios y Padre; ya no está en el campo del enemigo, se ha liberado, pues ha encontrado todo lo que le faltaba hasta ahora.... también ha encendido el amor en su interior y así ha completado la transformación de su ser, que es el propósito y el objetivo de su vida terrenal.

Por lo tanto, Mi Palabra encierra en sí la fuerza vivificante que el ser humano necesita para salir del estado de la muerte y alcanzar la vida. Y por eso es necesario escuchar Mi Palabra, pero con la plena conciencia de que Dios habla al ser humano, que el Padre habla a Su hijo. Al principio, Dios todavía os parece un Dios “distante”, a Quien escuchar os parece una presunción; pero pronto reconoceréis en Él a vuestro Padre, Que desea hablar en amor a Sus hijos.

Y si habéis ganado esta cognición, entonces ya estaréis mucho más cerca al corazón del Padre. Yo ya puedo guiaros y dirigiros como Mis hijos, y prestaréis atención a Mis Palabras.... Y entonces verdaderamente “viviréis”. La “Palabra viva misma” os ha ayudado a alcanzar la vida, pues Yo soy la Palabra desde la Eternidad, y Me entrego a quienes Me desean.... a quienes desean pertenecerme y, por lo tanto, siempre escuchan lo que Yo les digo. Y nadie puede permanecer en la muerte si Me permite hablarle, porque Mi Palabra tiene una fuerza vivificante.

Pero la Palabra debe ser recibido con el corazón, no bate con que simplemente toque el oído y pase como un sonido vacío.... El corazón debe recibirla con anhelo y determinar al ser humano vivir conforme a esta Palabra en la Tierra.... Entonces el poder de la Palabra se hará efectivo y dará vida a quien La anhela. Por lo tanto, una proclamación viva de la Palabra es esencial; el predicador mismo debe haber cobrado vida, de lo contrario no puede acerca lo más preciado.... a Mí Mismo en la Palabra.... a los seres humanos.

Él mismo debe haber despertado a la vida, y entonces proclamará también Mi Palabra de manera viviente, y esta palabra volverá a hablar al corazón donde reside el deseo de escucharme. Pero los predicadores muertos no lograrán mucho a menos que el oyente sea poseído por un profundo anhelo por Mí.... Entonces Yo Mismo Me dirigiré a él a través de él, y sentirá la vida en la Palabra y en sí mismo, porque se conecta Conmigo a través de su anhelo, y Yo escucho este llamado y Me entrego.... Y de nuevo, lo que está muerto resucitará tan pronto como la “Palabra de Vida” toque su alma....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise