Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7414
7414 La devoción del niño hacia el Padre....
23 de septiembre de 1959: Libro 78
Si os aferráis a Mí como hijos, ningún mal os sobrevendrá, pues Mi amor paternal vela por quienes desean ser Mis hijos. Solo os pido vuestro pensamiento, una devoción propia de un niño que ama al Padre y que también se sabe amado por Él. Este niño ya no conoce ninguna distancia de Mí, se acerca a Mí con su amor, se aferra a Mí con fuerza y así encuentra refugio seguro en Mis brazos.
Él siente esta seguridad y ahora no conoce ni el miedo ni la preocupación, pues sabe que Yo Me cuido del niño, que puede entregarse a Mí con total confianza, que satisfago todas sus necesidades y lo protejo de todos los ataques que el enemigo lanza repetidamente contra los que son Míos. Pero no puede alcanzarlos cuando acuden a Mí en su necesidad. Y cuando un ser humano logra reunir esta confianza en Mí, entonces puede recorrer su camino terrenal con facilidad y seguridad; no tendrá grandes preocupaciones, siempre sabrá que estoy a su lado y siempre también dirigirá sus pensamientos hacia Mí, lo cual es siempre la mejor protección contra los ataques del enemigo, pues la voluntad que se dirige a Mí Me da el derecho de protegerlo del enemigo.
Pero para eso se requiere una confianza infantil, una devoción como la de un niño que no conoce inhibiciones y se entrega a Mí con toda su alma. Y una y otra vez solo puedo decir que un ser humano lleno de amor siempre Me hará esta devoción, pues el amor lo atrae hacia Mí, hacia Mi corazón, y el amor derriba todas las barreras que aún se interponen entre el ser humano y Mí, porque donde hay amor, Yo Mismo salgo al encuentro del ser humano y lo atraigo hacia Mí en respuesta a ese amor.... porque el amor llama al amor.
Sed como los niños.... Este dicho no fue dado a los seres humanos en vano, pues una verdadera relación infantil siempre da testimonio de amor, y Yo siempre estoy accesible al amor de un ser humano; el amor de un ser humano siempre tendrá poder sobre Mí, es decir, un niño amoroso Me impulsa a corresponder a su amor, y el amor correspondido es como una realización de todo deseo y toda petición. Por lo tanto, un ser humano lleno de amor jamás hará una petición en vano, pues su oración ya está cumplida antes incluso de haberla pronunciado, porque jamás puedo negarme al amor y Me entrego sin medida. Y por consiguiente, la intercesión ofrecida con amor también es de un efecto extraordinario.
Donde el amor se entrega por un ser humano, allí verdaderamente, se encuentra la plenitud, pues el verdadero amor también garantiza la verdadera oración; el verdadero amor sabe lo que puede pedir y, por lo tanto, jamás hará una oración equivocada. El amor lleva al hijo hacia el Padre, y es recibido lleno de amor, porque Yo solo deseo el amor de Mis hijos, que Me bendice a Mí Mismo y que Me permite dar sin límite lo que es una bendición para ellos.... Y la verdadera unificación Conmigo solo se puede encontrar en este amor devoto, donde el hijo, por su propia voluntad, se acerca al Padre y el Padre lo atrae a Su corazón para bendecirlo eternamente....
amén
Traducido por Hans-Dieter Heise