Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7363

7363 Superando el mundo.... Obra del Espíritu....

14 de mayo de 1959: Libro 78

En el ajetreo del mundo, difícilmente escucharéis la voz del Espíritu a menos que estéis tan impregnados por Mi Espíritu que pueda manifestarse incluso en medio del mundo, que siempre prestáis atención a su voz porque el mundo ya no puede ataros hasta el punto de ahogar la voz del Espíritu. Pero eso es muy raro, pues tan pronto como un ser humano se encuentra en medio del mundo, sus sentidos también son cautivados por ello, aunque sea temporalmente. Por lo tanto, debéis evitar el mundo tanto como sea posible y someterlo a vosotros solo en la medida necesaria para vuestra vida terrenal, pues habéis sido puestos en medio del mundo y ahora debéis demostrar vuestra valía dentro de ello. Esto significa que debéis buscar convertiros en su amo, pero que no os convertís en esclavos del mundo.

Quien se esfuerza seriamente por el crecimiento espiritual también sabe cuánto obstaculiza el mundo sus esfuerzos espirituales, cómo se ve constantemente frenado y cómo sus pensamientos se desvían de lo verdaderamente importante en la vida terrenal: el desarrollo espiritual. El ser humano mundano no se preguntará sobre esto, e incluso quien se esfuerza espiritualmente pospondrá tales preguntas mientras el mundo lo mantiene cautivo, mientras le ofrezca placeres corporales, que ahora también busca satisfacer porque se le ofrecen. Ceder ante los deseos físicos no tiene por qué ser un pecado, pero sin duda es un impedimento para el desarrollo espiritual, pues lo que se le concede al cuerpo se pierde para el alma, ya que sus necesidades son de naturaleza espiritual, y el placer mundano de ninguna manera satisface esas necesidades.

Cuanto más mundana es la mentalidad de un ser humano, más languidece su alma.... Pues tampoco la voz del Espíritu se hace oír, el alma no puede imponer su voluntad ni expresar sus deseos, porque el cuerpo la reprime y satisface primero sus propias necesidades. Pero esto no tiene por qué ser un estado permanente. Un ser humano puede satisfacer los deseos de su cuerpo y entonces dedicarse con mayor fervor a su alma, dándole lo que anhela: alimento espiritual del reino de la luz, al cual ahora se entrega voluntariamente y encuentra mayor satisfacción que en los bienes mundanos.

Pero en este ser humano, Mi Espíritu ya está obrando, el cual tampoco se ha apartado del ajetreo del mundo, sino que afecto al ser humano, para que podía despegarse rápidamente del mundo y volverse hacia el reino que nutre su alma. Por lo tanto, quien se esfuerza espiritualmente rara vez encontrará satisfacción en el mundo; este ya no podrá atarlo por completo, pues se habrá distanciado de ello, y sus cuerpo rara vez anhela sus bienes y placeres, porque los dones espirituales le brindan mayor alegría y ya ha reconocido la inutilidad de los bienes mundanos.

Entonces, el espíritu que reside en su interior se manifestará incluso en medio del ajetreo del mundo; lo guiará y dirigirá, haciéndole considerar todo en términos de su desarrollo espiritual. Una y otra vez, prevalecerá el deseo de retirarse al silencio, porque el anhelo del alma es dominante y permite al cuerpo solo lo estrictamente necesario para su supervivencia. Sin embargo, entonces el mundo ya no representa un peligro para el ser humano; entonces, en la vida terrenal, habrá alcanzado el punto en que el alma escucha la voz del espíritu interior. Y entonces el mundo ya no podrá ejercer una gran influencia, porque el espíritu podrá prevalecer, aunque el ser humano todavía tiene que moverse en el mundo.

Y quien una vez haya logrado despertar el espíritu dentro de sí mismo ya no tendrá que temer su retirada total. Siempre prevalecerá, porque la voluntad humana tiende a madurar espiritualmente, y porque tal voluntad también es una transmisión de fuerza, de modo que siempre se volverá más fuerte y afrontará la lucha contra el mundo, saliendo victorioso....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise