Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7352

7352 “El que cree en Mí....”

2 de mayo de 1959: Libro 78

“Quien crea en Mí, no morirá jamás....” Estas Palabras Mías de promesa os llevan a vosotros, los seres humanos, a menudo a sacar conclusiones erróneas, cuando creéis que basta con que confeséis de boca o no neguéis que Yo caminé por la Tierra en el hombre Jesús.... si creéis, que basta con no poder en duda la existencia de Jesús, Que, según se dice, murió en la cruz por la humanidad, si simplemente aceptáis sin cuestionar lo que os han enseñado desde la infancia, sin haberlo analizado seriamente por vosotros mismos.

Porque el hecho de que creáis que Yo caminé por la Tierra en el hombre Jesús no Me demuestra vuestra actitud interior ante esta obra de Misericordia, la mayor de Mi amor divino, no Me demuestra si queréis formar parte de aquellos a quienes he redimido con Mi sangre, derramada por vosotros en la cruz. En primer lugar debéis tener claro qué entiendo Yo por “fe verdadera” que es lo que Yo os pido para poder daros la vida eterna....

Aceptar una doctrina sin contradicción aún no es tener fe, pues la verdadera fe requiere primero una reflexión seria sobre ella; exige una postura firme al respecto. Y el resultado de su reflexión ahora también puede ser erróneo si carece de la buena voluntad para llegar a la verdad, si carece de amor, lo cual anula por completo la verdadera fe. Porque un ser humano sin amor jamás podrá creer de verdad, ya que la verdadera fe solo se despierta a través del amor; sin amor, solo cabe esperar una declaración verbal, nunca una convicción interior de la verdad de lo que el ser humano uno debe creer.

Así pues, un ser humano sin amor jamás podrá invocar Mi promesa de que “no morirá jamás....”, si solo reconoce Mi vida en la Tierra y Mi muerte en la cruz porque así se lo han enseñado, pero le falta de convicción interior para aceptar esta enseñanza.... porque no tiene la voluntad de vivir en el amor y alcanzar la verdadera verdad. Entonces su fe es una fe muerta, una que jamás podrá concederle la vida “eterna”.

Pero muchos seres humanos depositan sus esperanzas en esta promesa, aquellos que viven en la vida terrenal solo como cristianos de nombre, que no reflexionan seriamente, sino que se contentan con tales palabras y creen por sí mismos que pertenecen a los que “vivirán para la eternidad....” Pero yo exijo más de los seres humanos, porque quiero que sean verdaderamente salvos. Y por eso también exijo de ellos una decisión clara y con toda sinceridad.... Exijo que sigan a Aquel en Quien dicen creer, que vivan una vida de amor como la vivió Jesús.... Y si hacen esto, entonces también comenzarán a reflexionar sobre ese ser humano y Su verdadera misión, y solo entonces tomarán una postura sobre las enseñanzas que hasta ahora solo habían procesado sus mentes, pero no sus corazones.

Y solo ahora se decide, si y qué un ser humano cree de las enseñanzas que le fueron transmitidas de manera educativa, y solo ahora su creencia se convierte en una fe viva, de que posee la fuerza de permitirle penetrar cada vez más profundamente en el gran problema de la Encarnación der Dios y Su obra de Redención.... Solo ahora la fe es como Yo la quiero, para recompensarlo con la vida eterna, porque solo la actitud de una ser humano hacia Mí como el divino Redentor Jesucristo es tal que se puede hablar de una fe verdadera que asegura a un ser humano la “vida eterna” según Mi promesa.

Y si vosotros, los seres humanos, os preguntáis seriamente, más de uno tendrá que admitir que él también se dejar llevar de tal creencia formal, una que acepta a Jesucristo porque no se atreve a rechazarlo rotundamente, pero que aún no posee la convicción interior de la misión del hombre Jesús, y de Mi Ser, Que ha morado en Él para vuestra redención. Vosotros también debéis “vivir” en la Tierra, es decir, poner en acción vuestros pensamientos y vuestra voluntad, si deseáis alcanzar la vida eterna, a la fe vivía en Mí en Jesucristo, Quien os ha redimido del pecado y de la muerte. Solo entonces “no experimentaréis lo que es la muerte por toda la eternidad”, entraréis en la vida, como os lo he prometido....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise