Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7240

7240 Vida y muerte – Movimiento – Actividad – Sueño....

27 de diciembre de 1958: Libro 76

La vida es actividad, la inactividad es muerte.... Y así también sabéis que la falta de fuerza pertenece al estado de muerte, porque la fuerza por sí sola produce actividad. Pues el poder emana de Mí, del Espíritu que está incesantemente activo, que jamás descansa ni un instante, porque el descanso, es decir, la inactividad contradice a Mi Ser primordial. Mi Ser es Amor, y el Amor es fuerza.... y así Yo Mismo soy fuerza y la fuente primordial de la fuerza. Y así, de Mí tiene que emanar la vida eterna, algo “que nunca descansa” y que, a su vez, es activo, es decir, “vive”.

Donde hay vida, allí ya no se puede observar un estado de estancamiento, donde hay vida, allí hay movimiento, dinamismo y un surgimiento constante de nuevas creaciones, ya sea en miniatura o a gran escala, pues la fuerza se manifiesta en la creación de cosas nuevas.... la vida se manifiesta dando constantemente nueva vida. Y ¿cómo se reconoce la vida? Solo a través del movimiento constante, mientras que el estado de muerte se manifiesta como estancamiento, como inmovilidad e impotencia....

Así pues, ahora os quedará también claro que en el reino espiritual no se puede hablar de un “descanso bendito”, de un estado de inactividad que se supone que al mismo tiempo es un estado de dicha. Lo que es bendito en el reino espiritual se encuentra en medio de la vida, está en medio de una actividad que vosotros, los humanos, no podéis imaginaros, pero que nunca corresponde a un concepto de descanso, porque entonces la fuerza que trae felicidad a los seres sería ineficaz, y esto violaría la ley fundamental del orden divino, si no se permitiera que una fuerza actuara sin resistencia.

Sin embargo, una “inquietud” no debe confundirse con “vida”.... un estado de celo des-armónico, un vagar constante.... que, si bien es movimiento continuo, no es un estado dichoso de verdadera vida. Siempre se requiere una justa medida para hablar del orden divino, y esta justa medida es mantenido por todo ser que en el estado de vida recibe la fuerza de Mí Mismo, lo que permite al ser poder actuar en consecuencia.

Un ser capaz de recibir fuerza sería infeliz si no pudiera usarla según su propia voluntad, la cual siempre está en consonancia con la Mía. Y puesto que la Mía es de constante creaciones nuevas, esta misma voluntad también está presente en el ser bienaventurado, quien, por lo tanto, participa en la creación o el diseño de toda clase de obras de creación, siempre según el grado de recepción de fuerza. Esta actividad le brinda la más alta felicidad y dicha, y lo impulsa continuamente a hacer mayor uso de su fuerza, porque tal ser está lleno de amor y conoce el propósito de todo lo que surge de Mi voluntad creativa o de la suya.

El amor es la fuerza, y el amor nunca descansa, pues anhela incesantemente la felicidad. El amor tampoco permite que el ser vuelva a caer en un estado de estancamiento, pues la fuerza de amor fluye a través del ser con tal fuerza que lo impulsa a la acción e interviene donde sea necesario, dondequiera que haya un estancamiento que deba despertar a la vida, porque solo la vida es dicha. Que los muertos descansen es una idea errónea; solo pueden ser impotentes y, por lo tanto, infelices. Pero incluso si poseen leves grados de fuerza, siguen vivos y activos, pues es ley que la fuerza nunca descansa, sino que genera constantemente nueva vida, y que todo lo vivo vuelva a la actividad según la ley primordial desde la eternidad.

La naturaleza de la actividad en el reino espiritual no se puede describir a vosotros, los humanos, solo una cosa es segura, que no debéis imaginaros un estado de reposo, que siempre es lamentable cuando un ser se encuentra en este estado. Pero entonces pronto se encontrarán ayudantes quienes lo ayudarán, quienes no descansarán hasta que ese ser también comience a actuar y despierte así a la vida. Solo aquellos que se resisten a la fuerza divina del amor permanecen en un estado de muerte, porque Mi fuerza de amor no obliga, y la resistencia anula su efecto. Por lo tanto, el estado de reposo nunca es un estado de dicha, sino un estado de oscuridad y tormento, y por consiguiente, nunca deseable.

Yo vine al mundo para devolver la vida al muerto que una vez poseía y que dejó escapar sin cuidado.... Yo devolví la vida a esto muerto.... Así que todos vosotros podéis alcanzar la vida, pero tenéis que quererlo; tenéis que anhelar escapar del estado de la muerte y volver a ver vuestra salvación en la actividad y esforzaros por lograrla.... y pronto despertaréis a la vida a través de Jesucristo y jamás volveréis a perderla....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise