Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7235
7235 Redención del pecado y de la muerte....
21 de diciembre de 1958: Libro 76
Quien haya encontrado al divino Redentor Jesucristo, quien haya huido bajo Su cruz para entregarle a Él su carga, puede tener la certeza que será aceptado por Él, que Sus manos lo tomarán y lo elevarán hacia Sí, que le quitará la carga del pecado y así lo redimirá del pecado y de la muerte, que es la consecuencia del pecado. Entonces, por así decirlo, habrá cumplido su tarea de la vida; habrá tomado la decisión final de su voluntad que lo libera de su caparazón material, pues en cuanto su vida terrenal haya terminado como ser humano, podrá entrar como un ser espiritual libre en el reino que es su verdadera patria.
Él se libra de todo caparazón material, y toda atadura espiritual se rompe por su voluntad de pertenecer a Jesucristo y escapar de Su adversario. Es redimido del pecado y de la muerte.... está libre de culpa y ahora vivirá por toda la eternidad. Haber tomado el camino hacia Jesucristo es sinónimo de “haber resucitado a la vida”, porque antes estaba impotente en un estado atado y de una mente oscura, en el estado de la muerte.... y ahora vive y puede actuar en libertad, pues tiene la fuerza para hacerlo y es de espíritu despierto, de modo que ahora puede aprovechar al máximo su “vida”, ya sea en la Tierra o en el reino del más allá.... actuará según la voluntad de Dios, del Dios y Creador desde la Eternidad, Quien Se encarnó en Jesucristo y trae libertad al ser humano que está dispuesto a aceptarla.
Por lo tanto, el reconocimiento de Jesucristo también significa al mismo tiempo el reconocimiento de Dios, que Le había negado una vez. Así, este pecado de rechazar a Dios puede ser expiado a través del reconocimiento de Jesucristo, después de que Jesús derramara Su sangre en la cruz como sacrificio expiatorio, y así se hizo justicia, algo que el ser humano por sí solo jamás habría sido capaz de lograr. Dios Mismo tomo sobre Sí la culpa de los seres humanos y, como hombre Jesús, expió el pecado de la apostasía de Él. Murió una muerte dolorosa como hombre Jesús en la cruz, pero ahora también exige el reconocimiento de Sí Mismo como Dios y Padre desde la Eternidad.
Quien considera la obra de Redención de tal manera debe reconocer también el amor inconmensurable de Dios, Quien entró en el caparazón de un ser humano para sufrir y morir por sus criaturas.... Quien cargó sobre sus hombros el pecado de toda la humanidad y así caminó hacia la cruz.... Y los seres humanos solo necesitan reconocer esta obra de Redención y pedirle a Él, como el divino Redentor, el perdón de sus pecados.... y serán libres, serán verdaderamente redimidos del pecado y de la muerte y podrán entrar de nuevo en el reino espiritual como seres libres cuando llegue la hora de partir de esta Tierra.
Ciertamente se lo ha hecho fácil al ser humano de poder liberarse del grillete de su pecado, pues todo lo que se le exige es el reconocimiento consciente de Jesucristo.... todo lo que se requiere es que se dirige conscientemente hacia Él y Le pida perdón, que así emprenda el camino a la cruz con su carga de pecado, donde ahora es liberado de ella según la promesa de Jesús: “Él que cree en Mí vivirá para siempre”.... porque la vida solo es posible en libertad y justicia, lo cual significa la expiación de la gran deuda del pecado. Y puesto que Jesucristo ha prometido al ser humano “vida eterna”, es necesario reconocerlo a Él para poder participar de Su promesa. Pero sin Jesucristo, nadie puede alcanzar la salvación, pues permanece cargado con su pecado original, que le impide entrar en el reino de la luz....
amén
Traducido por Hans-Dieter Heise