Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7227

7227 Manantial del agua de la vida....

11 de diciembre de 1958: Libro 76

El agua de la vida debe ser sacado del manantial.... entonces también experimentaréis su efecto santificador, pues entonces poseerá la misma fuerza que cuando fluía del manantial eterno. No es indiferente dónde y en qué forma se recibe Mi Palabra, pues tan pronto como ha pasado por muchas lenguas, ha perdido su pureza, porque el ser humano.... siendo él mismo impuro e imperfecto.... no deja Mi Palabra en su pureza original, sino que la altera, de modo que, mezclada con palabras humanas, ya no puede afirmar ser “la pura Palabra de Dios”.

Pero el agua pura y cristalina es necesaria para la vida, y si se trata de la vida del alma, entonces el agua vivificante debe sacarse de Mi manantial, el cual Yo Mismo abro donde Yo puedo reconocer la idoneidad del manantial, donde el manantial puede dar el agua más pura. No todo ser humano está preparado para recibir Mi Palabra pura desde lo alto, y por lo tanto Yo Mismo elijo los recipientes adecuados en lo que puedo derramarme....

Pero si una vez se haya vuelto posible, preparar tal manantial de vida para Mí, entonces también lo protegeré de la contaminación, y esta solo será posible nuevamente cuando el agua sigue fluyendo y no se presta atención a la limpieza del lecho del rio en el que pueda seguir fluyendo sin perder su poder sanador. Sin embargo, la máxima pureza está garantizada en el manantial. Por lo tanto, los seres humanos deben tener cuidado de no mezclar el agua pura con ninguna adición humana, de no intentar mejorar mejorarla o alterarla por sí mismos, y de no enturbiar de ninguna manera el manantial claro de la vida. Y “enturbiar” significa cualquier dilución, cualquier alteración de la Palabra que ha fluido de Mí en su forma más pura, independientemente de la intención que haya detrás.

Donde Yo Mismo estoy obrando, transmitiendo Mi Palabra a la Tierra, ningún ser humano necesita refinarla ni mejorarla, solo contribuirá a distorsionarla, no a perfeccionarla. Porque de Mi solo emana lo más perfecto, solo a veces moldeado de una forma que se ajusta a la capacidad de comprensión humana, a la cual se ofenden aquellos seres humanos que se quieren hacerse valer a sí mismos. Quienes hacen esto realizarán todavía mucho más intentos, pero no lograrán nada, salvo que el bien espiritual claro se vuelva incomprensible, y finalmente habrá de nuevo la misma confusión, la que Yo Mismo Me esfuerzo por aclarar a través de la transmisión de Mi Palabra desde lo alto....

Allí donde el alimento se ha diluido, donde ya no posee su fuerza curativa original, allí Mi amor ha encontrado un camino y ha traído nuevamente alimento fuerte y saludable a los seres humanos, abriendo Yo Mismo un manantial del cual cada uno puede encontrar alimento nutritivo para su alma. Y a este, la sanación de su alma está asegurada.... pero no a aquellos que se sacian su sed muy lejos del manantial.... a quienes se les ofrece algo completamente distinto del agua purísima que da vida y que fluye del manantial.

Muchos, sin embargo, rehúyen emprender a tomar el camino hacia las alturas, y solo allí se encontrará el manantial, que además ofrecerá el mayor alivio, que ya no cabe esperar más abajo, a lo largo del curso del rio. Pues el agua lleva consigo todo lo impuro, y la sanación de alma se ha vuelto casi imposible, a menos que el ser humano anhele agua fresca y vivificante y Me pida que le bendiga la bebida para que solo reciba lo que beneficia su alma. Entonces no pedirá en vano, y se le concederá directamente a través de pensamientos que le lleguen, o indirectamente a través de Mis mensajeros que le traen Mi Palabra en Mi nombre.

Quien acude a Mí en busca del agua de la vida no pedirá en vano. Recibirá Mi Palabra en su forma más pura, y sentirá que Yo Mismo Me dirijo a él, y entonces ya no tendrá que temer ninguna enseñanza errónea; su alma se sentirá reconfortada, pues será alimentada y nutrida por Mí Mismo, recibirá el alimento correcto.... Mi Palabra, que perdura por toda la eternidad....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise