Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7085

7085 “Jesús, mi Redentor, vive....”

6 de abril de 1958: Libro 75

En el mundo espiritual hay un júbilo y regocijo por Mi obra de Redención, porque se hará evidente una y otra vez a todos los seres de luz lo que ha sucedido en la Tierra, y ellos Me alaban y glorifican como su Salvador del pecado y de la muerte, Quien les ha abierto la puerta al reino de la luz.... Ellos conocen el significado espiritual de Mi sufrimiento y muerte, Mi crucifixión y resurrección al tercer día....

Saben que a través de esta obra más grande de Misericordia para la humanidad hay una “resurrección” asegurada, y que no está condenada a la muerte eterna, y que para todos los seres humanos llegará la hora de la Redención después de un tiempo infinitamente largo en la más dura cautividad.

Y es por eso que su gratitud, su júbilo y su amor por Mí son inconmensurables y aumentan a medida en que participan en la obra de Redención, que se les permite experimentar una y otra vez como presente, porque en el reino de la luz no existe un límite de tiempo, porque ellos también experimentan todos los acontecimientos del pasado y del futuro como presentes.

Y si los seres humanos en la Tierra también intentaran imaginarse una vez en el proceso de la crucifixión y la resurrección de Jesús, también ellos obtendrían de ello la mayor bendición, y el júbilo y una profunda gratitud entrarían en sus corazones, que Yo Mismo, en Jesucristo, les traje a vosotros, los humanos, la liberación del pecado y de la muerte.

Porque este acontecimiento fue único, pues nunca antes un ser humano había soportado un sufrimiento tan inmensurable, y nunca antes un ser humano, en completa inocencia, había recorrido el camino más amargo de la cruz, que terminó con su muerte en la cruz, aunque a menudo seres humanos se encuentran en una situación en la que la crueldad de sus semejantes les prepara un destino que parece insoportable.

Sin embargo, en la obra de misericordia de Jesucristo intervinieron procesos espirituales que multiplicaron Su sufrimiento, porque Su alma se encontraba en el más alto grado de cognición y por eso podía ver a través de todo.... tanto la necesidad espiritual que había venido sobre todos los seres humanos, como también el estado mental de aquellos que Le atormentaron y que cometieron las atrocidades contra Él, quienes permitieron que Su cuerpo puro sirviera a sus miserables deseos e impulsos malvados, y a quienes Él percibía como emisarios del infierno.

Pero Él perseveró hasta Su muerte.... Y resucitó en toda gloria al tercer día de la tumba que no pudo retenerlo cautivo.... Y así esta resurrección Suya coronó la obra de Redención, porque todos los que son redimidos por medio de Jesucristo están seguros de una cosa: que ellos también resucitarán a la vida eterna....

Anteriormente, la vida humana tampoco terminaba con la muerte física, porque el alma no puede morir, sino que sigue existiendo eternamente. Pero que el estado del alma sea de vida o de muerte, esto depende únicamente del divino Redentor, Jesucristo. Pues solo Él puede dar vida al alma, y solo Él es la puerta a la vida en bienaventuranza.

Por lo tanto, un alma también puede entrar en la otra vida incluso en el estado de muerte, y también permanecerá en este estado hasta que invoque a Jesucristo para que le conceda la vida.... “Pero el que cree en Mí, no morirá por toda la eternidad”.....para cada ser humano, la hora de la muerte física también puede ser la hora de la resurrección; nadie necesita temer la hora de su muerte porque Uno ha vencido la muerte y este Uno promete la vida a todo aquel que cree en Él....

Y así, en la Tierra, los seres humanos también podrán animarse y regocijarse si comprendieran la obra de Redención de Jesucristo en todo su significado y quisiera participar en ella.... Entonces, para todos los seres humanos, la muerte habrá perdido su aguijón.... Y todos los seres humanos podrían unirse al himno de alabanza de los seres espirituales: “Verdaderamente ha resucitado.... Jesús, Mi Redentor, vive....”.

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise