Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/7037

7037 Fortalecimiento de la voluntad por Jesucristo. Valoración de la voluntad

8 de febrero de 1958: Libro 75

Donde no hay manera de realizar una obra, allí la voluntad es suficiente; porque vosotros, los seres humanos, estáis valorados conforme a vuestra voluntad - según ésta está orientada... Pero esto no os dispensa de la ejecución... que vuestra voluntad entre en actividad, mientras esto sea posible. Porque solamente palabras no son suficientes, pues la voluntad tiene que ser seria... y una voluntad seria también realiza todo que está en su poder.

Se comprende por sí mismo que, tan pronto que Yo reconozco vuestra voluntad seria, también os llega Fuerza, porque de lo contrario Yo no os podría pedir cuentas por omisión donde podíais actuar. Pero vosotros precisáis de Ayuda, tan sólo ya para estar dispuestos a acoger la libre voluntad.

La finalidad de vuestra estancia en la Tierra es ejercitaros en tomar decisiones íntegras llevadas de la libre voluntad - decisiones que difícilmente tomaríais de manera correcta si esta voluntad no recibiera fortalecimiento por Jesucristo. Bien es verdad que cada hombre es capaz de dirigir su voluntad hacia Mí... pero cada vez de nuevo incurriría en falta de energía, por lo que frecuentemente dejaría de cumplir con su voluntad. Pero la adaptación de su voluntad a Mí ya me facilita a llevarle hacia la Fuente de Gracia de la Obra de Redención... y me facilita también a proveerle con Fuerza y a influir sobre él mediante mi Espíritu, lo que le incitará a obras de amor. De modo que si hace caso a este impulso íntimo, ya puede experimentar esta suministración de Fuerza...

Pero sólo la Ayuda de Jesucristo facilita el verdadero progreso espiritual eficaz, porque sin esta la voluntad del ser humano disminuiría cada vez de nuevo a causa de la interferencia por parte de mi adversario que todavía tiene poder sobre el ser humano, porque este aún no está liberado de su culpa del pecado original. Aún así Yo valoro en mucho la voluntad adaptada a Mí y no paro antes de que el ser humano ande sobre el camino de la cruz... Realmente, tengo medios más que suficientes para alcanzar esto, si el hombre tan sólo permite que en él actúen los pensamientos en Mí.

Entonces Yo también tengo el derecho de luchar por este ser humano en contra de mi adversario. Pues una vez que el hombre se dirige conscientemente a Jesucristo, entonces ya no resulta tan fácil el debilitar su voluntad, porque entonces él persigue el objetivo conscientemente... y entonces hará que a su voluntad siempre seguirá la acción, con lo que él ascenderá y llegará a la madurez del alma. Porque la Ayuda de Cristo no consiste únicamente en la fortificación de la voluntad, sino también en la creación de ocasiones para poner en práctica el amor al prójimo...

Pero mi adversario sabe conseguir que se pongan barreras incluso a la actividad en el amor... él se entiende en empedernir los corazones de sus seguidores de manera que estos también a sus semejantes les inhiben una actividad en el amor. Estos seguidores son verdaderos siervos de Satanás porque intervienen decisivamente en el desarrollo espiritual... Pero ellos no logran su propósito, porque donde a los seres humanos les esté inhibida la actividad en el amor, allí Yo valoro la voluntad como una acción consumada.

Pues donde la voluntad todavía está tan débil que no puede oponer una resistencia íntima, allí mi adversario conseguirá a derogar mis Leyes de Amor. Pero Yo valoro el corazón del hombre, y no la acción exteriormente manifiesta. Sin embargo, si la acción es realizable, tampoco dispenso a nadie de ella.

He aquí, de nuevo, tenéis una explicación que y por qué Yo exijo de vosotros obras de amor... que y por qué la voluntad de prestar ayuda, por su formalidad, logra la misma valoración incluso allí donde la obra queda anulada a la fuerza. Pero Yo no me conformo simplemente con la voluntad que, sin entrar en actividad, deja echar en falta la seriedad necesaria.

Mientras aún no hayáis ido por el camino a Jesucristo, vuestra voluntad resultará todavía muy débil; por lo que deberíais aprovechar de la Gracia de la Obra de Redención para remediar esta debilidad. Pues entonces perseguiréis vuestro objetivo de forma consecuente para hacer lo que es mi Voluntad: os quedaréis absorbidos por el amor a Mí y a vuestros prójimos, para ganaros de esta manera el Reino de los Cielos...

Amén.

Traducido por Pilar Coors