Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/6489

6489 Sustancias no redimidas en el ser humano....

1 de marzo de 1956: Libro 69

Cada ser humano lleva dentro de sí muchas sustancias no redimidas, es decir, partículas espirituales que aún no están lo suficientemente maduras para que puedan reunirse en un alma, pero que aún tampoco pueden formar parte del alma humana, sino que tienen que ser redimidas por esta alma o tienen que ser rechazadas si la redención no tiene éxito.

Imaginaos un alma consciente del “yo”.... un espíritu primordial un vez caído.... en una esfera donde moran innumerables partículas de alma, que aún están lejos de estar maduras para formar un alma ellas mismas al unificarse.... pero.... más o menos impulsadas, querer entrar en contacto con esa alma, pero sin tener derecho a hacerlo en su estado inmaduro. Estas sustancias del alma individuales se han liberado de las caparazones materiales de las pre-encarnaciones y se han unido al alma que escapa; son sustancias que no se van del lado del alma, pero que también influyen en ella en cierta medida, es decir, tratan de transferir sus características al alma....

Tales sustancias del alma pueden ser completamente redimidas de las pre-encarnaciones si el ser humano vive una vida ejemplar y entonces se integran al alma.... pero también pueden usar su influencia para arrastrar al alma hacia abajo, nuevamente más hacia el estado inmaduro de esa pre-encarnación, de modo que en los humanos emergen impulsos y peculiaridades que recuerdan a aquellas etapas preliminares. Y entonces el hombre debe tratar de protegerse de esas influencias espirituales, debe defenderse contra ellas y expulsar a estos espíritus malignos de sí mismo.... porque entonces estas sustancias no son más que herramientas de seres espirituales profundos que todavía quieren hacer valer su influencia como seguidores de Satanás y ellos mismos se sirven de tales sustancias inmaduras en los humanos.

Este proceso podría ilustrarse a vosotros si os imagináis criaturas diminutas e indefensas que buscan protección de vosotros y a quienes debéis permitir quedarse si se someten voluntariamente.... y tales que tienen un fuerte vínculo con seres fuera de vosotros, a quienes sólo quieren posibilitar el acceso a vosotros. Y a estos debéis expulsaros de vuestra casa, debéis mantenerlos alejados de vosotros y estar siempre en guardia, porque son falsos y malvados porque están influenciados por seres malos....

La redención de los primeros se produce cuando intentáis apaciguarlos, cuando os deshacéis de errores y vicios, cuando siempre compensáis todo en el amor, cuando vosotros ya no les dais a esas sustancias inmaduras que hay en vosotros la oportunidad de dejar salir sus peculiaridades.... si los toleráis dentro de vosotros, siempre sólo con la condición de que se sometan al trabajo del alma que queréis realizar.... si entonces el cuerpo también se declara dispuesto a cuidar primero la vida del alma. Porque todas estas sustancias se depositan en el cuerpo, que escaparon de un caparazón anterior al mismo tiempo que el alma.

Todos los deseos del cuerpo que no están dirigidos exclusivamente al bienestar del alma son sus expresiones, y la redención de estas sustancias ha tenido lugar cuando el cuerpo está completamente preparado para servir sólo al alma para madurar. Pero entonces ha tenido lugar la purificación de esas otras sustancias inmaduras, entonces no sólo se les negó el acceso a las fuerzas del mal, sino que esas sustancias inmaduras también tuvieron que salir del cuerpo.... lo que significa que el ser humano ya no se deja tentar al pecado, que siempre resiste a las tentaciones, que está en contacto con las fuerzas divinas que le otorgan protección y que su alma ya se ha liberado del poder oscuro.

Aunque el tentador acechará hasta la muerte, para poder encontrar todavía una entrada, ya no tendrá éxito porque el alma ahora es lo suficientemente fuerte para resistir y ha encontrado esta fuerza a través de su trabajo consciente, que nunca hace sola, sino siempre con la ayuda de Jesucristo, Quien en verdad “la libró de todo mal”....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise