Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/5092

5092 El Viernes santo... Los sufrimientos de Jesucristo...

23 de marzo de 1951: Libro 57

No hay manera a hacer a los seres humanos en la Tierra ni aproximadamente comprensible lo que Jesucristo ha sufrido en la cruz porque ellos en su imperfección no perciben lo que para un Ser humano perfecto significa el llegar a ser víctima del pecado, porque en cierto sentido la maldad de los hombres logró la victoria sobre Él - El que no les había causado mal alguno.

El Alma de Luz del Hombre Jesús se estremeció ante los engendros del infierno, pero no se defendió... pues permitió que le hiciesen lo que fuera... Pero se apoderó de ella un horror por tamaña asquerosidad y maldad de los seres humanos. El Alma sufrió indeciblemente - más aun que el cuerpo sufrió por todo el mal que le hicieron. El Alma se halló en medio de la oscuridad, la que su Luz no soportaba; sin embargo no la rehuyó porque quería apurar el cáliz hasta el final, para la redención de los seres humanos.

El Alma misma se privó de la Luz, porque de lo contrario no habría podido suceder con ella lo que el Amor del Hombre Jesús quería que sucediera... para ofrecer a Dios un sacrificio por los pecados de la humanidad. De modo que ella hizo que su Luz no entrara en función, con lo que se encontró en plena oscuridad la que la atormentó y angustió sobremanera, y que aumentó su sufrimiento mil veces; porque los tormentos del Alma excedieron los corporales - lo que únicamente un hombre perfecto podría comprender.

Pero Jesús era Perfecto como su Padre en el Cielo es Perfecto, y eso encontrándose en medio del pecado... Su Reino era el Reino de Luz, mientras que la Tierra era el reino de Satanás - reino en el que el Alma de la Luz permitió que la violentaran. De modo que de ella –del Ser más puro y traslúcido que alguna vez ha vivido en la Tierra– se apoderó un horror indecible. Tuvo que permitir que la tocasen manos que la espantaban porque se extendieron hacia ella desde el infierno y la asieron... tuvo que dar oídos a palabras que la hirieron profundamente... estaba, en cierto modo, separada de su Mundo e, indefensa, abandonada a las tinieblas... lo que sí desde la eternidad fue su propia Voluntad para llevar a cabo la Obra de Redención - aunque por eso no resultaba menos horroroso porque la angustiaron y atormentaron hasta el extremo...

Por eso Jesús exclamó las Palabras: «Dios Mío, Dios Mío, ¡por qué me has abandonado!». En estos momentos el Alma ya no sabía de su Misión... sólo sintió la separación de Dios –de la Luz– del que tenía nostalgia y por eso en sus apuros gritó por Él...

Se trataba de lo más cruel que jamás un hombre en la Tierra tenía que sufrir, porque Él no tenía que sufrir solamente las penas del cuerpo, sino porque el Alma tenía que sufrir considerablemente más, para lo que la humanidad no tiene comprensión. Y por eso no habrá hombre alguno que, con mucho que sufriera, llegará a la medida en que el Hombre Jesús ha aguantado - El que ya mucho antes lo sabía y en su existencia como Hombre oraba: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí este cáliz, mas no sea como Yo quiero, sino como quieres Tú».

A la vez también fue la Voluntad de su Alma –la que se había subordinado completamente a Dios– el llevar a cabo la Obra de Redención. De modo que el Alma se entregó a su destino porque su Amor a la humanidad sufriente era inmenso. Por otra parte la culpa del pecado era tan grande que únicamente los tormentos y sufrimientos extremos podían valer como Sacrificio de Expiación - por lo que el Hombre Jesús lo llevó a cabo...

Pero la profundidad de los sufrimientos es inmensa... como también su Amor era inmenso - el que hizo que se cargase con todo sufrimiento del cuerpo y del Alma... para redimir la humanidad de la muerte eterna...

Amén.

Traducido por Meinhard Füssel