Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/3790

3790 La gran gracia en la transmisión directa de la Palabra divina...

4 de junio de 1946: Libro 48

Reconoced la gran gracia que se os concede a través de la transmisión directa de la Palabra divina en un momento en que la humanidad menos que nunca desea los dones de la gracia. Dios tiene misericordia de las personas y les da una gracia extraordinaria en contra su voluntad, que, sin embargo, solo puede llegar a ser efectiva si renuncian a su resistencia. Pero constantemente les da la oportunidad de hacer uso de su don de gracia y por eso Él Mismo se acerca repetidamente a las personas para que aprendan a reconocerle. Este es un acto de gracia que vosotros los humanos, que solo es comprensible para vosotros, si os imagináis la gran Santidad de Aquel, Que viene a vosotros, que estáis languideciendo en el pecado más profundo. Solo lo que es similar a Él puede acercarse a Él...

Pero Dios Mismo viene a las personas que están lejos de Él; Él viene disfrazado de Su Palabra y trata de hacerlas pasar, de renunciar a la resistencia contra Él y de cambiar su ser, para que Él se vuelva reconocible para ellas en todo Su abundancia de fuerza y gracia y se esfuerzan conscientemente hacia Él. La Palabra divina solo es reconocida como tal de quienes Le buscan; los demás probablemente la escuchan, pero no tiene ningún efecto mientras no quieran que sea efectivo para ellos. Así que hay un tesoro de gracia disponible para las personas en la Palabra, que pueden levantar por su propia voluntad, y esta gracia es la prueba del gran amor por las personas que están al borde del abismo y se acercan a la perdición eterna.

Y para estimular la voluntad de aceptar Su don de gracia, Él se acerca a ellos una vez más, a través de la naturaleza... Él se expresa con toda Su fuerza y poder. Él mismo habla a través de los elementos de la naturaleza a ellos, para que luego acepten Su Palabra, que es mandado a los hombres desde los cielos, sin resistencia... Entonces no quedará sin efecto, porque entonces la voluntad de la persona misma se activará y entrará en la bendición del don divino y su alma se salvará.

Pero bienaventurado el que no necesita esta violenta amonestación, el que reconoce Su voz en la Palabra que le es impartida a través de Sus siervos en la tierra... feliz el que ya se esfuerza por vivir de acuerdo con Su Palabra y se Le acerca en un momento para encontrar la unión completa con Aquel, Quien es la Palabra Misma desde la eternidad...

Amén

Traducido por Hans-Dieter Heise