Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/3723

3723 Separarse de bienes terrenales

21 de marzo de 1946: Libro 47

Sacrificadme todo lo que apreciáis en la Tierra, y recibiréis en abundancia todo lo que mi Amor os ofrece y lo que os deleitará sobremanera ya en la Tierra y algún día venidero en la eternidad.

Si queréis recibir, antes vosotros mismos debéis ser solícitos a dar; pero si estáis apegados a bienes terrenales, entonces los bienes del Reino espiritual os resultan inalcanzables. Y de propiedades terrenales forma parte todo lo que os produce alegría mundana - lo que os resulta deseable para satisfacer las exigencias de vuestro cuerpo.

Todo lo que amáis en la Tierra y que no os puede seguir al Reino espiritual, todo esto debéis sacrificármelo voluntariamente Mí, para que recibáis los bienes imperecederos que os siguen a la eternidad. Por supuesto, que es un sacrificio... ¡pero lo cambiáis por algo incomparablemente mejor! Sólo hay un dolor de separación pasajero, al que pronto sigue la certitud bienaventurada de que sólo ahora poseéis los verdaderos bienes - los que valen en toda la eternidad.

De modo que cuando os quito todo, ¡no os desaniméis y no dudéis de mi Amor, de mi Gracia y de mi Protección que os concedo aunque no podáis reconocerlo! Sólo os quito para poder devolveros tanto más. Y si os soltáis libremente de lo que os gusta, entonces, conforme conviene, también vuestro cuerpo será tomado en consideración. Sólo vuestro corazón debe soltarse de todo, porque la plenitud de mi Gracia necesita un lugar limpio de toda clase de avideces mundanas.

Lo que sacrificáis voluntariamente, esto no tengo que quitároslo a la fuerza; pero si queréis aumentar en fuerza y Gracia, en madurez del alma y en tesoros espirituales que formarán vuestras riquezas en la eternidad, entonces vuestra separación de todo aquello debe realizarse...

En todo esto, vosotros que sois mis fieles, también reconoceréis que únicamente mi Amor me induce a quitaros lo que es de la Tierra, porque quiero haceros receptivos para lo que mi Amor os ofrece de manera espiritual... Aprenderéis reconocer que mientras vuestro amor no esté dirigido completamente a Mí sino también a los bienes del mundo, Yo no podré actuar en vosotros en toda plenitud...

De modo que si procuro liberaros de ese amor y os quito aquello de lo que os cuesta tanto el liberaros voluntariamente, se trata de una Gracia. Sacrificadme todo y procurad soltar vuestro corazón de todo lo terrenal, y pronto notaréis la bendición de vuestra capacidad de sacrificio, porque de esta manera me atraéis a Mí mismo a vosotros, porque ya no encuentro obstáculo alguno que pudiera impedir que Yo actúe en vosotros en toda plenitud.

Pues ya no os queda mucho tiempo para que poco a poco podáis vencer las avideces mundanas; por eso debéis separaros más rápidamente y por consiguiente también más dolorosamente, lo que siempre redundará en vuestra bendición - eso si os subordináis a mi Voluntad... si con devoción aceptáis vuestra suerte y no lamentáis la pérdida de los bienes terrenales. Porque cuanto más fácilmente podáis separaros de ellos, tanto más receptivo y dispuesto será vuestro corazón para bienes espirituales que os recompensarán miles de veces.

Pero su verdadero valor sólo lo reconoceréis en vuestra Vida en el Más Allá, en el Reino espiritual; y si entráis en este Reino ricos en bienes de él, y si con estos podéis actuar para vuestra propia satisfacción, entonces llegaréis a ser sumamente bienaventurados.

Amén.

Traducido por Meinhard Füssel