Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/3178

3178 Destrucción prematura de la forma....

4 de julio de 1944: Libro 41

La desaparición de una forma no significa su fin, sino sólo un cambio en lo visible, es decir, un nuevo caparazón de lo invisible y que requiere una forma externa visible. Y este cambio es siempre un progreso, es signo de una tarea resuelta, del cumplimiento de una actividad asignada a lo visible, que lo espiritual ha realizado en ello. Y es por eso que lo espiritual acogerá con agrado la desaparición de la forma externa, abandonará voluntariamente toda forma externa antigua, porque cada nuevo caparazón es una etapa de desarrollo superior, un paso hacia la perfección, que le trae la libertad, la liberación de la materia, que para lo espiritual significa una coerción.

Pero el periodo de tiempo de cada estancia en cualquier forma está determinado por Dios, y sólo el mantenimiento de este periodo de tiempo trae a lo espiritual la madurez que necesita para vivificar la siguiente forma externa. Pero si se interrumpe este tiempo de desarrollo, que sólo puede ocurrir por la voluntad del ser humano, entonces lo espiritual se ve perturbado en su desarrollo, se le impide ilegalmente madurar, y aunque voluntariamente escapa de toda forma una vez que la ha superado, la interrupción violenta de su desarrollo no es ninguna salvación, sino que lo espiritual está indignado por el hecho de que está determinado por la voluntad humana completamente en contra de su voluntad de abandonar su viejo caparazón sin haber alcanzado el grado de madurez, que es la condición para vivificar la siguiente forma.

Ahora está, por así decirlo, en libertad, y no puede utilizar esta libertad porque le falta la fuerza que lo espiritual sólo recibe en la etapa final como ser humano y sólo entonces puede llevar a cabo lo que quiere por sí mismo. Sin embargo, en las etapas preliminares sólo tiene fuerza suficiente para realizar la actividad que se le asigna en el caparazón específico. Pero si el caparazón ha sido destruido ilegalmente, entonces sólo puede expresarse asociándose con lo espiritual en una otra forma, de modo que impulse, por así decirlo, lo espiritual interior a una mayor actividad, lo que Dios no le prohíbe temporalmente, hasta que se una nuevamente en una nueva forma externa y se le permita realizar una nueva actividad.

La maduración de lo espiritual se ve favorecida a través del cambio frecuente de su forma externa, pero nunca por una destrucción violenta, que más bien retrasa la maduración y prolonga así el curso de desarrollo. De este modo se trastorna el orden divino, lo que nunca estará exento de desventajas, y los propios hombres sentirán las consecuencias de ello, pero no podrán darse cuenta del hecho de que ellos mismos son los autores de todas las situaciones desgraciadas de la vida que están relacionadas con las creaciones de la naturaleza.

Pues lo espiritual , que se ha vuelto prematuramente libre, oprime tales creaciones naturales, y estas a su vez se vuelven extraordinariamente activas, lo que lleva a complicaciones en las obras de creación, más o menos severas, dependiendo de la destrucción ilegítima de lo que Dios permitió que surgiera con el propósito de la maduración espiritual. Porque incluso si la destrucción de cualquier forma corresponde a la ley natural divina, la duración de esa forma no debe ser cortada arbitrariamente, a menos que tal destrucción tenga lugar con la intención de crear nuevas posibilidades de maduración, dando al espiritual una mayor oportunidad de estar activo en el servicio, y esta destrucción y transformación de la antigua forma es un acto de caridad desinteresada, por eso se lleva a cabo como una bendición para los semejantes.

Tal disolución o destrucción de la antigua forma también corresponde a la voluntad de Dios y ya no se puede hablar de una liberación prematura de lo espiritual. Porque a través de la voluntad humana surgen nuevas formas externas que no son útiles, y el interior espiritual se enfrenta a nuevas tareas a través de las cuales avanza el desarrollo. Lo espiritual es, por tanto, indestructible, pero no visible para el hombre; Pero lo visible ciertamente puede disolverse y la antigua forma puede desmoronarse, pero también es fuerza de Dios, que no se desaparece, sino que sólo se retira temporalmente hasta que la voluntad de Dios la haya transformado nuevamente en una forma visible al hombre.

Siempre hay nuevos actos de creación, que se basan en el amor de Dios, para ayudar a lo espiritual a la perfección, y un perpetuo devenir y desaparecer es la señal visible de un constante desarrollo ascendente hasta que a lo espiritual se le permite vivificar la forma final, el cuerpo humano, que puede traerle la liberación final si su libre albedrío hace buen uso de ello, si cumple voluntariamente su tarea terrenal de servicio, para la cual le dan muchas oportunidades....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise