Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/1096

1096 El poder del mal...

17 de septiembre de 1939: Libro 20

El poder del mal sobre el alma humana es tremendo y tiene efectos terribles... Si no se le ofrece resistencia por parte del ser humano, entonces envenena todo su pensar y sentir, y ese estado espiritual se hace notorio ya que actualmente domina en la tierra. Los acontecimientos de la época actual expresan claramente el estado espiritual en el que se encuentra ahora la humanidad. La humanidad se enfurece unos contra otros sin piedad y se combate entre sí sin juicio, y no reconoce su estado espiritual... no se da cuenta de lo que subyace a la miseria sin límites de la humanidad... cada uno tiene en mente solo a sí mismo y sus propias ventajas y no rehúye los medios horribles para explotar esta ventaja.

Y toda compasión, toda misericordia ha desaparecido entre la humanidad. Sólo el odio y la discordia predominan en la tierra, el mandamiento del amor es completamente desacatado y nadie considera al prójimo también como criatura de Dios... Se ha convertido en un estado inestable, una rabia entre unos y otros que pone todo lo anterior en la sombra... ¿Y quién provocó esta depravación del pueblo? ¿Quién fue la causa de este tremendo declive espiritual de toda la humanidad? A ésta le falta la voluntad para resistir, le falta la fuerza para resistir a los ataques de este poder tan maligno...

El hombre podría superar cualquier desafío si pidiera la fuerza necesaria, pero no la desea, pasa de largo descuidadamente por donde se le ofrece la fuerza para resistir y está disponible para él inconmensurablemente... Él apaga a Dios, por así decirlo, y cree que no necesita Su apoyo, y la consecuencia de esto es que ya no es capaz de hacer frente al poder maligno... La consecuencia de su arrogancia es la caída profunda, porque el poder opuesto se sobrepone a la voluntad, primero lo debilita para finalmente hacer a la persona completamente débil de voluntad, y entonces la fuerza de aquel ya no es lo suficientemente fuerte para poder liberarse de las cadenas del enemigo si trata de liberarse de ellas... Porque le falta el Salvador, le falta el apoyo que necesita.

Y cuando vosotros, los hombres, consideráis esto, cuán fuertemente el adversario os tiene en sus manos, cómo tiene completo poder sobre vosotros, entonces ahora tenéis que buscar una salida del cautiverio al que vosotros mismos os habéis metido... aún en la última hora tenéis que dirigiros a Aquel, Que puede libraros de cualquier necesidad y peligro... y ciertamente no pediréis en vano... Él os fortalecerá con Su poder, Él guiará vuestros pensamientos hacia el correcto reconocimiento, y Él apoyará a todo que reconozca con pesar su anterior pensamiento erróneo en la lucha por la verdad, por la justicia... En toda debilidad espiritual os da fuerza para resistir y también lucha con el adversario por el alma de cada ser humano...

Y el Señor envía a Sus mensajeros para que anuncien el amor de Dios y adviertan a los incrédulos o los fortalezcan a los que son débiles en la fe, para que en la lucha con el adversario se dejen guiar por su conocimiento para que vayan por el camino correcto, es decir, pedir ayuda al Padre que está en los cielos, que ciertamente no se los negará... Sólo tienen que sacrificar su voluntad a la Divinidad Eterna, no deben querer lo que parece deseable únicamente a ellos, sino que solo piensen en la salvación de sus almas, por lo que también deben estar dispuestos a separarse del mundo que los gobernaba hasta ahora.

Y si esto se lograra sin severidad y medidas violentas, el juico quedaría evitado, pero a los tercos y duros de corazón a ellos la voz les sonará más violenta, y la necesidad en la tierra traerá la prueba más clara, que Dios no se deja burlar, y que por eso permite que los acontecimientos vengan sobre la tierra y sus habitantes, como un último llamado de lo alto, por así decirlo, para que arranque a los hombres del abismo o anuncie su ruina eterna, porque este es el único medio que todavía puede remediar la necesidad espiritual en la tierra...

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise