Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/0568

0568 Misericordia

04. Sep. 1938: Libro 12

También la Misericordia divina, sin la que todo se desvanecería, resulta imprescindible para que todas las criaturas se bañen en el mar del Amor divino. También los hombres dependen continuamente de ella, porque hay muchos que se apartan deliberadamente del Amor de Dios, por lo que sólo pueden subsistir por su Gracia. Ciertamente la Misericordia es también un acto del Amor divino, pero puede resultar humillante, mientras que el Amor proporciona abundante bienaventuranza a todos los seres dignos de él. Dios nunca abandona definitivamente a un ser porque mientras todavía haya la más mínima esperanza de mejoría, la Misericordia divina siempre se encarga de él para evitarle lo peor, la perdición total. Por eso, también vosotros, hombres, ¡practicad la misericordia con el máximo empeño! La Chispa divina de Dios actúa en quien se compadece de la miseria de su prójimo. La más noble obra de caridad es socorrer al hombre cuando le sobreviene una gran miseria. Voluntad de Dios es que sea misericordioso todo aquel que disfruta de su Misericordia; y, ¿acaso hay uno entre vosotros que no la necesite? Por eso sed misericordiosos con los necesitados aunque se hayan vuelto indignos de vuestro amor. De eso se encargará el Señor. Pero vosotros, ¡amad incluso a vuestros enemigos y concededles toda vuestra misericordia cuando la necesiten! La miseria de la humanidad es inexpresable; si queréis servir a Dios el Señor y volveros dignos de su Bendición, debéis practicar el amor al prójimo ilimitadamente.

No permitáis que vuestros corazones se endurezcan, sino dad donde haya necesidad. Ayudad donde pidan vuestra ayuda o dependan de ella. Porque el Padre en el Cielo os concede continuamente su Misericordia, y espera que vosotros hagáis lo mismo.

Amén.