Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/4057

4057 Efecto del poder de Dios...

7 de junio de 1947: Libro 50

Que el poder de Dios se comunica a los hombres que Le abren sus corazones al orarle en espíritu y en verdad, es reconocible en la voluntad del hombre, que se dirige cada vez más a Dios, se esfuerza por el bien y aborrece el mal. Porque el poder de Dios siempre tiene un efecto promotor, siempre llevará a Dios, es en cierta medida el medio de atracción que Dios utiliza para dirigir a Sus criaturas de vuelta hacia Sí Mismo, y quien deje que el poder de Dios fluya a través de él, quien lo reciba conscientemente porque desea mucho, definitivamente también alcanzará su meta con certeza; encontrará la unión con Dios porque el poder de Dios que fluye a través de él formará su naturaleza de tal manera que se adapta a la naturaleza de Dios, se convierte en amor y salva todos los abismos, que finalmente se entrega completamente a Dios y así se une con el amor eterno, que por eso quiere impartir el poder sin medida a los hombres para así ganarlos para la eternidad.

Pero cómo se expresa el poder de Dios depende de la voluntad del ser humano, él puede pedir a Dios en el conocimiento de su insuficiencia, y eso hace que Dios le ayude en cada debilidad, por lo que la ayuda para el ser humano en forma de fortalecimiento, que se hace sentir en un aumento de la actividad terrenal, así como en el aumento del esfuerzo espiritual, que el ser humano toma el camino que conduce hacia arriba como una cuestión de rutina. Ya no puede tener otro pensamiento que el de alcanzar su meta en la tierra y cumplir la voluntad de Dios, y su esfuerzo es por Dios e ignora todo lo terrenal, en cuanto no pertenece a su círculo de deberes, en el que Dios Mismo le ha puesto.

Dios lo atrae, porque quiere hacer felices a Sus criaturas, y por eso es una gracia, es Dios Mismo, Quien dirige lo espiritual del hombre hacia Sí Mismo, con tal de que la voluntad del hombre le conceda el derecho, y se someta a Su voluntad por su propia voluntad y antepone la voluntad divina en todo momento y lo expresa a través de su oración, la cual le concede poder y gracia sin medida...

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise