Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/3368

3368 La creencia en la obra de las fuerzas es una condición....

15 de diciembre de 1944: Libro 44

Las personas se cierran a sí misma del conocimiento correcto si no creen en la obra de las fuerzas espirituales, porque la creencia es la primera condición para que puedan obrar. Si el hombre ha de llegar al reconocimiento, entonces sus pensamientos deben ir en la dirección correcta, ya que también pueden tomar una dirección diferente, porque la voluntad del hombre es libre por la voluntad de Dios. El punto de partida del pensamiento es siempre el reino espiritual, desde allí el pensamiento fluye hacia el ser humano y es absorbido por su voluntad y procesado o rechazado por su mente. Y dado que las fuerzas del bien y del mal están activas en el reino espiritual, las corrientes de pensamiento también serán correspondientes, pueden ser aceptadas o rechazados según la voluntad de la persona, porque su voluntad se cierra o se abre a la afluencia del pensamiento.

En cuanto el ser humano ahora crea y se esfuerce por el bien, se abrirá también a las influencias mentales de las buenas fuerzas espirituales y estás podrán ahora instruirle e iluminarle sobre su propia actividad y sobre su fuerza y amor, y si el ser humano reflexiona mentalmente sobre estas iluminaciones, entonces esto significa una aceptación de lo que se le ofrece.... Cree que los seres de luz pueden y quieren ser activos para guiarlo a la cognición.

Pero las malas fuerza también pueden tener un efecto sobre él y darle los pensamientos en una forma que él cree que es el originador de estos pensamientos, y comprensiblemente estos serán tales que negarán toda conexión del reino espiritual con la tierra y toda obra de los seres maduros para el bien de los hombres, de modo que hacen al hombre insensible a las buenas influencias y el hombre se cierra a ellas porque no cree en su poder y fuerza.

Entonces estos seres de luz ya no podrán expresarse. No encontrarán un oído comprensivo, y no se puede impartir ningún conocimiento a la gente por la fuerza. Y es por eso que las personas siempre caminarán en la oscuridad del espíritu mientras no contacten con los seres que traen la luz a través de su voluntad, la cual, sin embargo, presupone creer en la obra de esas fuerzas. Esto también puede expresarse inconscientemente cuando el ser humano anhela y espera la iluminación interior, creyendo que el pensamiento correcto le traerá la iluminación, aunque desconozca el origen del pensamiento. Pero esta ignorancia es entonces sólo un estado que se remedia rápidamente, porque el deseo de conocimiento es al mismo tiempo una concesión de un poder que puede impartirle el conocimiento y por lo tanto también una apertura de sí a este poder.

Tan pronto como el hombre crea en el amor de Dios, también se le será fácil creer que este amor puede y aumentará su conocimiento y que Dios tiene muchas posibilidades de transmitirle este conocimiento. Entonces tampoco le es inaceptable el pensamiento de que Sus mensajeros y siervos en el reino espiritual son los portadores intermedios de la verdad pura y que Dios también encuentra la posibilidad de dirigir esta verdad directamente a la tierra. Porque quien cree en Dios, también creerá en la obra fuera de lo común, si considera la gran necesidad espiritual, el estado de alejamiento de Dios y la ignorancia del pueblo. Creerá que Dios usa poderes espirituales que, en Su nombre, cuidan de aquellos que son de buena voluntad y le piden ayuda. Pero el conocimiento de la pura verdad es una ayuda, el estado de reconocimiento es también un estado de fortaleza al mismo tiempo, porque la cognición correcta da fuerza y hace feliz....

Pero si el ser humano no cree en la posibilidad de una transmisión de fuerza a través de los seres espirituales, entonces está completamente expuesto a la embestida de otros pensamientos, los cuales considera como su propia actividad de pensamiento, pero que también tienen orígenes espirituales y solo que aumentan aún más su oscuridad espiritual. Entonces no se le enseña con la verdad, sino que siempre se le empuja a un pensamiento erróneo, y entonces ya no encuentra su camino, hasta que finalmente lo niegue todo y ya no quiera reconocer a Dios y Su obra. Es ciego de espíritu y no puede ser ayudado, porque como no cree, no se dirige a Dios ni a las buenas fuerzas en busca de ayuda, y por eso cierra su corazón a toda buena influencia; porque un poder tiene que ser reconocido, de lo contrario no puede hacerse efectivo según la voluntad de Dios, Quien también al hombre el libre albedrío para poder abrirse o cerrarse a la afluencia de poder....

amén

Traducido por Hans-Dieter Heise