Origen: https://www.bertha-dudde.org/es/proclamation/2212

2212 La inervención de Dios

15 de enero de 1942: Libro 31

Los hombres del tiempo presente no reconocen a donde van a parar. Viven y sin embargo están muertos en el espíritu, no encuentran ninguna comunicación con Dios, porque ellos no lo buscan. El mundo terrenal significa todo para ellos, pero más allá de eso no va su raciocinio. Y por eso cada día está gastado inútilmente en sentido espiritual, el desarrollo superior es dudoso, sí, con frecuencia se anota un retroceso espiritual que repercute monstruosamente, de consecuencias graves, y aunque se les avisa a los hombres acerca de su verdadera tarca terrenal, no prestan atención a tales advertencias, porque les parece de nuevo el mundo y sus exigencias lo único importante. Y de ese modo es fracasada su marcha por la tierra, para estos hombres no es la tierra lo que debiera ser. Y el Amor y la Sabiduría de Dios no tolera que los hombres abusen de su vida terrenal dandole otra finalidad que la que Dios le ha determinado, pues Sus disposiciones son sabias e insuperables. Mas si el hombre no reconoce más la Sabiduría de Dios, desdeña de ese modo también Sus disposiciones, y esto sólo puede conducir a su hundimiento lo que debiera en cambio evolucionar hacia arriba. Una evolución puede ir sólo adelante, si el hombre se pone en contacto con lo espiritual y deja el mundo sin hacerle caso. Mas la humanidad está hecha un estafermo, se precipita y corre a la caza de metas terrenales, ella es incapaz de ponerse en contacto con lo espiritual, porque de mala gana aspira a lo espiritual, pareciéndole que es sin valor, puesto que no le aporta ningún éxito terrenal. Y eso es la decadencia espiritual ese es un estado al que Dios no puede estar mirando con los brazos crudados, sino el que Él trata de remediar sacudiendo Él a los hombres de su letargía espiritual con sucesos que estremecen fuertemente el modo de pensar de los hombres, para despertarlos.

Dios tiene todo poder, y Él en verdad, demostrará también Su Poder a los hombres, para que aprendan a reconocerle y traten de reflexionar seriamente sobre el sentido y la finalidad de la vida terrena. Y de ese modo les quita Él primero a los hombres eso, que absorve su mente más hasta ahora: Bienes terrenales y alegrías terrenales. Para que reconozcan como primero la futilidad de lo perecedero y reflexionen, después de tiempos de decepción, sobre lo único que es valedero, sobre la relación, del hombre a Dios. Él intenta despertar en ellos el anhelo hacia los bienes imperecederos, entregando a la corrupción todo eso que ha dominado hasta ahora su mente. Y este es el motivo del suceso venidero que sin falta deja Dios que sobrevenga a los hombres, para que el resto de sus vidas lo aprovechen aún para la salvación de sus almas, las que hasta hoy tuvieron que carecer de toda clase de cuidado.

Amén

Traducido por Pilar Coors